Después de la pandemia, inteligencia colectiva

Por: Carlos A. Barreto Rivero

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Antes de la pandemia idealizábamos la vida con la intención de poder ser una persona de éxito, consiguiendo: una profesión, buena pareja, formar una familia ideal. Hoy en el confinamiento estamos viviendo en tiempos de inseguridad y mucha preocupación, al encontrarnos con dificultades imprevistas. Con temor nos preguntamos ¿Cómo es posible que esté tan confundido e inseguro ante esta situación? “Todo parecía perfecto y de repente se han ido derrumbando mis ilusiones y no sé cómo recomenzar”. “Es que ahora me doy cuenta que lo vivido en forma ideal no siempre se puede mantener (¿), porque no permanece igual en el tiempo ni es eterno. ¡Qué desilusión tan grande! Me queda la esperanza que lo bueno y deseable pueda pasar por un período de inseguridad y dudas para seguir viviendo como antes”. El “debería ser o hacer”, racionalmente, ya no cuenta ante esta realidad. La razón y los conocimientos aprendidos no son suficientes para superar esta etapa vivencial que se nos cruzó sin aviso, nos tomó por sorpresa, desvalidos, perdiendo la espontaneidad, la creatividad y la libertad individual. Nuestra vida se desaceleró y perdimos el rumbo. Ante esto ¿Qué vamos a hacer? La propuesta es “ahora vivir despacio para vivir mejor” ¿Cómo? Con inteligencia colectiva. En mi artículo “Saca lo mejor de tu ser y sigue” escrito para la revista Familia, propuse que, después de analizar los comportamientos de las personas que estuvieron socialmente aisladas, como lo fueron en la Cordillera de los Andes y en la mina San José de Chile, señalé que se tomaran muy en cuenta las reacciones y decisiones colectivas que se manejaron en grupo para poder superar el efecto negativo del aislamiento. Fueron propuestas difíciles de tomar en grupo y de ponerlas en práctica ya que estamos acostumbrados a ser “independientes” y el individualismo lo pone todo en dudas. Aunque, paradójicamente, fuimos dependientes de una madre, de una familia, de una sociedad y seguiremos siendo hasta el final de nuestra vida, pero nos cuesta aceptarlo. Siendo “yoistas” nos encerramos en nuestros propios ideales sin compartir, entonces, nos estamos protegiendo por miedo a perder la “libertad”, miedo a lo desconocido, perdiendo la oportunidad de acceder a opciones que se nos abran a cada paso. La vida es cambiante, ahora con la pandemia lo ha sido muy, pero muy evidente. A lo largo de la historia las épocas menos prosperas han sido aquellas en las que se negaron en aceptar cambios de mentalidad, a ser diferentes por estar aferrados a antiguas ideas que dan “seguridad”. En lugar de encerrarnos para vivir como antes (sin pandemia) debemos darnos cuenta que la vida que tenemos por delante es otra y como tal es imprescindible la aceptación del cambio y la adaptación en primera instancia. En esta etapa de mirar la vida hacia adelante también lo es el de renunciar a los apegos anteriores y a la vez presentar actitudes propositivas abiertas al cambio global y trascendente de sí mismo. Conocerse mejor con buena autoestima nos abre excelentes caminos. Para estar mejor preparados tendremos que eliminar miedos, porque si no nos paraliza. Si permanecemos pasivamente, pendientes de nuestros miedos se nos va la vida sin poder ofrecer nuestras capacidades y virtudes al mundo.

“… Para estar mejor preparados tendremos que eliminar miedos, porque si no nos paraliza. Si permanecemos pasivamente, pendientes de nuestros miedos se nos va la vida sin poder ofrecer nuestras capacidades y virtudes al mundo …”

Siendo que la mayoría de nosotros tenemos miedos y que éstos provienen de nuestra infancia y son difíciles de poder erradicarlos, la Neurociencia y la Psicología Positiva han estudiado las funciones neuronales del cerebro para definir y explicar estos fenómenos psicobiológicos. Ahora sabemos que el cerebro se puede modular con el pensamiento, es decir, asegurar que somos lo que pensamos. Pensamientos negativos (causa) producen comportamientos negativos (efectos). Para ser objetivo en la realidad se deberá tener actitud positiva de voluntad y perseverancia movida por la razón, es decir ser racional emotivo. Es necesario trabajar la voluntad para conseguir buenos hábitos y costumbres en el presente y para el futuro. De esta forma, estamos conectando la mente y el cuerpo que siempre están unidos en la salud o en la enfermedad. El cerebro está trabajando constantemente, día y noche, liberando neurotransmisores que influyen en el sistema inmunitario encargado de las defensas orgánicas frente a las enfermedades. Los pensamientos, tanto negativos como positivos, son estimulantes del cerebro para producir las sustancias que producen placer o displacer mental. El cerebro se va configurando a lo largo de los años con las experiencias vividas; por ejemplo, pensamientos de inseguridad, frustración y enojo pone en marcha una serie de reacciones bioquímicas cerebrales que envían a la corteza cerebral prefrontal información que se traduce en angustia. Cuando son varios los circuitos de pensamientos negativos, el cerebro se condiciona por mucho tiempo generando emociones negativas como el miedo, el estrés y la ansiedad. La buena noticia es que, a pesar de haber vivido en circunstancias difíciles o amargas, aún permanece en nuestro ser interior la posibilidad de llegar a ser lo que nos hemos propuesto. La vida no se trunca, sino que continúa y lo que sigue va a ser diferente a lo que fue. Por eso, volvemos a recordar las cuatro etapas del cambio a partir del aislamiento de la pandemia: adaptarse, sobreponerse, recuperarse y superarse. Tenemos la capacidad potencial de construir sobre los factores adversos. A partir de ahí se va entretejiendo la habilidad necesaria para resolver problemas elaborando estrategias, fortaleciendo el sentido de autoestima con pensamientos positivos como “yo puedo salir avante”, “sé que soy capaz e inteligente”, “creo en mi fuerza de voluntad”. Pensamientos positivos que generan neurotransmisores que aumentan la voluntad, la perseverancia y la felicidad de ser lo que uno ES, sin dudar, ¡Auto convencido! Para lograr la conexión mente cuerpo es menester confiar más en sí mismo y en los propios recursos para lograr alcanzar los objetivos propuestos, valorándonos por lo que somos, al margen de los resultados.

“Cuando el error se hace colectivo adquiere la fuerza de una verdad”. Gustav Le Bon

 

Dr. Carlos A. Barreto Rivero
Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta
Cbarreto82@yahoo.com.mx
Tels. 662 154 0484 – 662 214 9554