LA PERSONA: un ser de “encuentro”

Por: María del Mar Azpe Soto

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Todas las personas somos sociales desde el momento en que nacemos. En estos tiempos de pandemia nos hemos dado cuenta de la gran necesidad del contacto con otras personas. Al final necesitamos de otras personas para amar y ser amados. Esto es debido a que los seres humanos somos “seres de encuentro”, es decir, que somos sociales por naturaleza.
Todos hemos experimentado la gran alegría que nos causa el reencontrar a un ser querido después de no haberlo visto en mucho tiempo. Por lo que al estar con esa persona se valora su presencia todavía más y se trata de disfrutar al máximo cada momento al lado de ella.

Alfonso López indica en su libro “El encuentro y los ámbitos” que: “el hombre nace prematuramente, un año antes de lo que debiera si sus sistemas inmunológicos, enzimáticos y neurológicos hubieran de estar relativamente maduros”, y este adelanto fuera del seno materno se da para que el bebé madure tanto en el plano fisiológico como el psicológico. En esta primera fase la mamá es de gran importancia. Los expertos recomiendan que la mamá acoja al bebé en estos planos. Debido a la ternura de la mamá y de los seres queridos hacia el hijo, el niño logrará estar alegre, se sentirá seguro y fortalecerá su cuerpo. Como segunda instancia el cariño del papá y los hermanos también tienen una gran relevancia para que haya una sociabilidad.

No hay que olvidar que cada persona posee su propia personalidad, temperamento y carácter. Estos se forman dependiendo del contexto en el que el niño se desarrolla. La familia, la escuela y los amigos juegan para esto un papel básico, ya que el intercambio de opiniones, ideas y sentimientos enriquecen mutuamente al otro siempre que se busque su bien. Esto también representa a su vez el perfeccionamiento del otro.

“… Todos hemos experimentado la gran alegría que nos causa el reencontrar a un ser querido después de no haberlo visto en mucho tiempo. Por lo que al estar con esa persona se valora su presencia todavía más y se trata de disfrutar al máximo cada momento al lado de ella …”

El encuentro personal no se reduce a solo ver y platicar, sino que también conlleva una intimidad y un entreveramiento entre dos ámbitos personales que se enriquecen mutuamente. A todos nos ha pasado tener conversaciones que son difíciles de olvidar y en las que se intercambiaron ideas y acuerdos. Como resultado experimentamos sentimientos de gozo, entusiasmo, felicidad y paz ya que tuvimos algo en común: un enriquecimiento que nos hizo crecer como personas.

En estos momentos de pandemia hay que aprovechar la oportunidad de conocer a profundidad a nuestra familia, y amigos. Necesitamos relacionarnos, esto exige la decisión de darse a la otra persona como un todo, no solamente querer alguna de sus cualidades. Es decir, si a mí me gusta Juan solo porque es atento, educado y gracioso no estoy amando a esa persona, sino que solo estoy amando algunas de sus cualidades, por lo que no estoy partiendo desde la generosidad, sino que solo estoy siendo egoísta. Esto nos puede causar sentimientos de exaltación o euforia, pero a largo plazo pueden causar decepción, tristeza, amargura y desesperación.

Tenemos que lograr ver al otro como un conjunto de cuerpo y alma. Entregarnos a las demás personas para que haya una coexistencia que dará como resultado felicidad, paz y amor. Es decir, si yo amo a Juan por lo que es se forma una cobiografía íntima entre los dos que ocasiona un proceso unitivo. Hay que donarnos al otro para lograr una unión de lazos afectivos y enriquecimiento mutuo que finalmente otorgarán felicidad.
Los invito a conocer más a sus seres queridos, que no tengamos conversaciones tan vagas, a tener generosidad con el otro, que observemos a las personas que estén a nuestro alrededor y ahondemos en ellas. Es así como también nosotros mismos nos estaremos conociendo mejor.

 

Lic. María del Mar Azpe Soto
Psicopedagoga Universidad Panamericana
marimarazpe@gmail.com