Claves para tener relaciones sólidas con los demás

Por: María del Mar Azpe Soto

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A menudo no somos conscientes de lo que es verdaderamente bueno y conveniente para nosotros, a veces caemos en el miedo de saber lo que es mejor para nosotros y nos conformamos. Para contrarrestarlo, debemos tener afán por descubrir la verdad, aunque conocerla nos exija más como personas. Cuando nos cuestionamos y trabajamos nuestros puntos fuertes y débiles, mágicamente mejoramos también nuestras relaciones con los demás.

Me gustaría que pensaras un poco en las siguientes preguntas: ¿estás contento con la persona que eres hoy? ¿Conoces realmente tus puntos fuertes y débiles? ¿Sientes que tienes relaciones fuertes con tu familia, pareja o amigos? Responder a estas preguntas nos ayudará a comprender mejor algunas de las claves de las relaciones sólidas con los demás:

Conócete a ti mismo

Para convertirnos en la persona que queremos ser, y no en la que los demás esperan que seamos, tenemos que aceptarnos como somos, ser auténticos y conocernos a nosotros mismos. ¿Cómo nos conocemos a nosotros mismos? Hay algunas formas sencillas de lograrlo: darnos un poco de tiempo cada día para reflexionar, prestar atención a cómo reaccionamos ante situaciones incómodas o difíciles, explorar nuevas aficiones para descubrir lo que nos gusta hacer (escribir, tocar un instrumento, pintar, etc.). También podemos llegar a conocernos mejor a nosotros mismos a través de la otra persona. Conocer mejor a los demás conduce a un enriquecimiento mutuo, en el que uno se da cuenta de cómo se siente y reacciona de forma diferente en situaciones similares.

Acepta y comprende

Cada persona tiene una vida diferente a la nuestra. Cada persona es única e irrepetible y tiene un contexto diferente (familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, etc.). Cada uno forja su carácter en función de las situaciones que se presentan. Debemos tener comprensión y empatía con los demás, y para ello debemos aceptarnos primero a nosotros mismos. A menudo no podremos entender la vida de los demás, pero podemos aprender a aceptarlos como son sin intentar cambiarlos, y ahí es donde podemos convertirnos en personas más comprensivas.

“… Lo mejor que puedes hacer con una persona que amas es escucharla para aceptarla más y comprender sus sentimientos. Si trabajas en esto, podrás tener una mejor comunicación con esa persona y podrás resolver los conflictos de la mejor manera posible …”

Sé congruente

¿Quién no ha conocido a alguien que dice una cosa y actúa de forma completamente diferente? De estas personas se desconfía muy rápido. Para ser congruentes, tenemos que ser personas de una sola pieza, tener nuestras prioridades muy claras y actuar en función de ellas en todo momento. Sin embargo, habrá ocasiones en las que traicionemos nuestra conciencia, e incluso habrá casos en los que, si nuestra conciencia no está bien formada, pensaremos que estamos haciendo algo bueno cuando en realidad no es lo mejor para nosotros. Por lo tanto, siempre debemos intentar ser mejores y aprender de los expertos: preguntar a personas que hayan tenido las mismas experiencias y que sepas que te dirán la verdad, leer libros de calidad y consultar fuentes fiables. También tenemos que ser capaces de evaluar lo que decimos y hacemos. De este modo, se amará lo que uno es, lo que es bueno y justo, y así, sin darnos cuenta, se estará predicando con el ejemplo y los demás podrán confiar en nosotros.

Diáloga y ten capacidad de escucha

A menudo no podemos entender del todo por lo que está pasando la otra persona, y puede que no seamos capaces de aceptar su forma de actuar. Lo mejor que puedes hacer con una persona que amas es escucharla para aceptarla más y comprender sus sentimientos. Si trabajas en esto, podrás tener una mejor comunicación con esa persona y podrás resolver los conflictos de la mejor manera posible. Para esto trata siempre de no asumir los sentimientos de la otra persona, sé honesto y ten siempre la confianza de decir lo que sientes.

Le mostraré algunos ejemplos que pueden ayudarnos a mantener un buen diálogo:

  1. Ser como un espejo: “¡A ver si lo he entendido!”, “¿Lo he entendido bien?”.
  2. Validación: aunque no estés de acuerdo, decir: “Lo que has dicho tiene sentido”.
  3. Muestra empatía: Intenta comprender los sentimientos que hay detrás de la preocupación del emisor: “¡Entiendo lo que dices!», «¿Te sientes igual?”, “¡Me imagino cómo te debes sentir!”.
    Recuerda que el objetivo de un diálogo no es llegar a un acuerdo firme, sino escuchar a la otra persona y luego aceptar realmente su punto de vista.

Da sin esperar nada a cambio

Siempre debemos pensar en la otra persona, desearle lo mejor y actuar en consecuencia. Sin embargo, no debemos esperar que la otra persona nos pague con la misma moneda. Si damos algo y esperamos algo a cambio, en realidad lo hacemos por egoísmo. Debemos querer el bien de la otra persona porque simplemente nos nace. Recuerdo que cuando estaba en la escuela primaria, tuve un conflicto con una amiga, fue entonces cuando mi papá me dijo: “¡Da amor y cosecharás amor!”. Con esto aprendí que quien da amor y piensa en el bien de los demás, en realidad se está deseando el bien a sí mismo.
A lo largo de la vida los seres humanos están en un proceso continuo de aprendizaje, de las elecciones que tomamos cada día depende lo mucho y lo poco que dejemos de aprender. Algo que me ha ayudado mucho es aprender observando en los demás, así podemos conocernos a nosotros mismos al mismo tiempo. No tengas miedo de volver a ser “como niño”, que no te importe “el qué dirán”, vuelve a ser esa persona creativa, desea aquello que sabes que está cerca del bien y de la verdad, perfecciona tus cualidades y reflexiona sobre tus defectos para corregirlos y ser cada día mejor persona.

 

Lic. María del Mar Azpe Soto
Psicopedagoga Universidad Panamericana
marimarazpe@gmail.com