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martes, marzo 5, 2024
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El respeto, elemento individual indispensable para brillar en la vida

Por: El Viejito de la Montaña

Respetar a una persona es mirarla y escucharla, preguntar y escuchar sus respuestas con atención e inteligencia, sin emitir juicios sobre su persona, postura, discurso o aspecto, (a menos que sean solicitados y, aun así, hacerlo con mucho cuidado).

El respeto es el cable conductor de la empatía.

Leamos estas ideas esenciales:

  1. Nos gusta tratar (mirar y escuchar) a la gente valiosa.
  2. Queremos que nuestros cercaos brillen en el mundo exterior, o sea: que sean valiosos.
  3. El respeto hacia un interlocutor es la clara señal de voluntad de mantener una relación pareja, de igual a igual, esencial para demostrarle al otro su valía.
  4. “Yo estoy bien y tú estás bien” es la mejor de forma para relacionarnos con los demás.

“…es mirarla y escucharla, preguntar y escuchar sus respuestas con atención e inteligencia, sin emitir juicios sobre su persona, postura, discurso o aspecto …”

Si los enunciados anteriores nos hacen sentido, ¿Por qué llegamos a tratar a la gente, en especial a nuestros hijos y cónyuges, desde un plano superior en todo momento? Observémonos: nos volvemos tutores, jueces y verdugos, asumiendo un papel de infalibilidad en todo momento con los ellos y, sobre todo en el plano conyugal, también nos convertimos en competidores acérrimos y les llenamos la pista de pequeños obstáculos desagradables, con ganas de que el otro caiga para ganarle… (nunca he sabido bien qué cosa o en qué campo le queremos ganar a nuestra propia gente) … ¿Verdad que no tiene sentido? ¿Verdad que suena cansado y ahuyenta? Ésta es una de las principales causas de hastío y, por consiguiente, de divorcio.

En los últimos años me ha tocado contemplar distintos rostros de la llamada Condición Humana, en especial los del “enfoque inicial” o sea: cómo miramos y cómo tratamos a los demás (hijos, cónyuges, amigos, hermanos, etc.).

Tu hijo no es tuyo, su desempeño sí es tu responsabilidad.

A veces pienso que tener un hijo es como adquirir un carrito de autopropulsión, desarmado en una caja y sin instructivo impreso: lo tenemos que armar poniendo cada pieza en su lugar y esperando que el pegamento y la pintura fragüen bien antes de poner la siguiente pieza para que, al final, le pongamos las pilas conectadas al motor, lo echemos a andar y podamos disfrutar al mirarlo circular, maniobrar, arrancar, correr, frenar, salir de curvas peligrosas, auto-repararse cuando algo se le descompone y cómo se estaciona él solito, idealmente, en mi cochera. Todo lo que hayamos hecho se verá en el resultado y podremos disfrutar de ello, no por ser perfecto, sino ¡porque ese hijo es libre y se maneja solo!

Pensemos: ¿qué queremos para nuestros hijos?

He escuchado respuestas que considero incompletas, no erradas, sino incompletas: que sean su mejor versión, que sean educados, elegantes, exitosos (depende de la interpretación de la palabra éxito), felices, que me quieran mucho, fuertes, capaces (otra definición a observar), etc.; cuando en el fondo lo que queremos para un hijo es, en una sola idea: QUE SE HAGA CARGO DE SU PROPIA VIDA, o sea: que sea responsable de ella para que, finalmente, podamos disfrutarnos mutuamente, teniendo una relación de igual a igual, y cuando lo afecte alguna situación de: alegría, tristeza, vergüenza, inquietud, o pena profunda, se acerque a nosotros como confidente seguro. Pues para ello fue indispensable haberlo tratado con RESPETO: no haberlo herido ni sobajado ni aleccionado ni juzgado… sólo así se dará esa confianza.

“… Pues para ello fue indispensable haberlo tratado con RESPETO: no haberlo herido ni sobajado ni aleccionado ni juzgado… sólo así se dará esa confianza …”

Hay un dicho que dice: la confianza sólo se da cuando ya existe, ¡qué nuevas!, pero analizando la frasecita veremos que tiene sentido: la confianza no se puede reclamar, ni siquiera demandar, es como la floración de una planta: no la podemos obligar a que abra sus flores; pero sí podemos fomentar que lo haga procurándole lo que hay de la naturaleza a la mano: sol, agua, viento y tierra; en las relaciones humanas sería: dirigiéndonos con respeto y valorando la libertad del otro, así sí habrá confianza.

Nunca es tarde. Si el respeto ya fue vulnerado y no hay confianza ¡Recula! Pide perdón por las ofensas que eso ocasionó y empieza de nuevo, el perdón es el mejor re-inicio, en términos computacionales, es el reset, ojo: solamente es el reset, no es la solución, te faltará el resto. ¡Ánimo!

“… Nunca es tarde. Si el respeto ya fue vulnerado y no hay confianza ¡Recula! Pide perdón por las ofensas que eso ocasionó y empieza de nuevo, el perdón es el mejor re-inicio, en términos computacionales, es el reset, ojo: solamente es el reset, no es la solución, te faltará el resto. ¡Ánimo! …”

Pretender que somos educadores emitiendo lecciones 24/7 aleja a los hijos.

El buen y práctico filósofo Anthony de Mello, SJ. califica a las odiosas expectativas como las enemigas de la felicidad. Nuestra propia auto-programación o las expectativas que nos hayamos creado hacia cualquier situación o persona nos hace infelices porque es muy fácil que no se cumpla el objetivo y nos sentiremos frustrados o decepcionados (infeliz = frustrado); pero las expectativas hacia un hijo, concretamente, nos van a cegar y nos impulsarán a corregirlo todo el tiempo; no podremos ver lo que realmente es y, por lo tanto, lo vamos a alejar de nosotros. Qué fácil sería la vida de todos si nos miráramos unos a otros (sobre todo a la gente cercana) con la misma avidez y fascinación con la que miramos a la gente nueva, descubriendo lo que me quiere mostrar, su evolución en algo, el motivo de sus alegrías o tristezas o lo que HOY observo de ellos.

Es muy común que cuando se nos acerca un hijo, niño, adolescente o adulto, lo recibamos con una o mil lecciones y, si le vemos cara de enfado, en lugar de recular, lo rematamos con el dicho: el que no escucha consejos, no llega a viejo. Por más sabia que sea la frase, nuestro papel como padres (o cercanos), en este caso no lo fue. Ese hijo quiso contarte algo, proponerte algo, compartirte una dolencia o revelarte un secreto íntimo o doloroso porque creyó que eras su persona cercana; pero con tus lecciones de sabiduría suprema, ética o moral lo expulsaste.

“… Tratémoslos con respeto, solo así serán libres y podrán brillar …”

Cuidemos bien a los hijos, especialmente cuidémoslos de nosotros mismos y de nuestras posturas y auto-programaciones, hazles 10 preguntas de ellos, sus sentimientos, gustos y su persona, antes de dictarle 1.

Los hijos (y nuestra relación con ellos) son muy delicados, van en desarrollo y cualquier marca que le dejes hoy se verá magnificada al crecer o madurar, tanto que la propia marca quizás le impida madurar. Tratémoslos con respeto, solo así serán libres y podrán brillar.


El Viejito de la Montaña.

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