Ludopatía: Impulso irresistible de jugar

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De “ludo” juego, “patía” trastorno psicológico. Consiste en un comportamiento obsesivo compulsivo con falta de control emocional que se caracteriza por el actuar en forma irracional por impulso. A pesar de que el ludópata puede tener conciencia de lo que hace y de sus consecuencias es más fuerte el deseo de seguir jugando que el de detenerse, no sólo por él sino también por su familia.

Los pacientes que he tenido bajo tratamiento han manifestado su preocupación por no poder controlarse y seguir haciendo daño, haciéndose daño y sufriendo las consecuencias. Lamentablemente estas personas recaen fácilmente desertando de su tratamiento. Es que en lo inconsciente prima el principio del placer y se dejan llevar por la fantasía del poder y del éxito. Entran en un círculo vicioso (como todos los adictos) de lo frenético cuando consiguen “ganar” y de lo depresivo por la frustración de perder. Pero no se dan por vencidos y vuelven a abrir el circuito autodestructivo para luego castigarse por las pérdidas monetarias, las deudas, las mentiras, los rechazos afectivos y por la confianza de sus familiares y amigos. Es un cuadro dramático de nunca acabar.

Los casinos proliferan, se siguen abriendo día con día en todo el mundo y no pierden, es paradójico con lo que piensan los ludomaníacos que desean desbancarlos para convertirse en los nuevos ricos. En el fondo se mantiene una actitud de soberbia, de omnipotencia, una verdadera personalidad narcisista que todo lo puede, que siempre está preocupado por fantasías de éxitos ilimitadas exagerando sus logros y capacidades, que espera ser reconocido como importante o superior o de estatus alto.

Para lograr sus fines se valen de engaños utilizando a la gente para sacar provecho, cuando no tiene dinero pide prestado o roban objetos para empeñarlos o venderlos. Es una persona carente de escrúpulos, no es empático puesto que no se identifica con las necesidades de los demás ni con sus sentimientos. Esta personalidad se desarrolla en un ambiente familiar disfuncional que provoca índices de ansiedad muy alto y como todos los adictos cuando la autoestima está muy baja, la persona para defenderse de las angustias existenciales busca paliativos como mecanismos de defensa para superar su sufrimiento.

Estos recursos, más inconscientes que conscientes, tienen que ver con el principio del placer actuando contra el principio de la realidad que por lo general terminan en alguna de las adicciones o en varias: La comida, la bebida, el sexo, el juego, el cigarro, las drogas, la mentira, el robo, la ira, el trabajo en exceso, la corrupción y la compra compulsiva para acumular objetos o hacerse de propiedades, también entrarían los que coleccionan títulos o cosas que representan éxitos para ser reconocidos. Llegan a la adicción por medio del aumento de la ansiedad creada en la infancia y luego, por ejemplo, con la comida o con el juego se relajan. Esto puede verse cuando el bebé se pone ansioso por comer, la madre lo amamanta e inmediatamente se relaja. El cuerpo aprende a encontrar soluciones de éste u otro tipo que lo satisfaga y pueda vivir en paz y tranquilidad, si es para aumentar el bienestar y la salud qué bueno si no caerá en el circuito vicioso de satisfacción e insatisfacción por los excesos.

Cuando la persona se encierra en este ciclo patológico la razón pierde poder porque está actuando bajo el influjo del sistema límbico, neurovegetativo, que es el cerebro antiguo que actúa por instinto. Por más que uno se esfuerce por hacer a los adictos razonar, no comprenden y se enojan porque su narcisismo no les permite estar equivocados. Por eso es tan difícil de ayudarlos a recuperarse de ese mal, más aún cuando los demás, con mucha razón, les aconsejan dejar de jugar para cuidar la economía y también su estado de salud mental.

Perspectivas de solución

No es conveniente atacarlo con razones porque se cierra con terquedad diciendo que ésa es su decisión para lograr sus propósitos económicos para ayudarse y ayudar a su familia y además formar su patrimonio. Hay que ayudarlo a aceptar que tiene un problema que resolver para evitar múltiples consecuencias. Pero que sea una verdadera aceptación, convencido que es su mejor camino. Que no pida ayuda para complacer y dejar tranquilos a los demás. Debe ser su trabajo no el de los demás para que se haga responsable de un aspecto deficitario de su vida y pueda realmente sentir el beneficio.

Existen varias alternativas de ayuda directa personalizada que es la más conveniente y luego de comenzar ésta puede combinarla con grupos de autoayuda, con ejercicios físicos, alimentación balanceada, yoga, meditación, etc., de acuerdo a la persona y al caso. Lo que más se aplica en la clínica psicológica es el empleo de técnicas como la TRE (Terapia Racional Emotiva de Albert Ellis), la psicoterapia psicoanalítica, el tratamiento sobre el estrés y la ansiedad y la hipnoterapia consciente de Milton Erickson. Se aplican en base a la historia personal del individuo para conocerse mejor aumentando su capacidad de ser más consciente, evitando sus mecanismos de defensa rígidos e inadecuados. No se prescriben medicamento porque aún no se ha demostrado que sean eficaces para estos casos. Hay forma de trabajar la ansiedad por medio de la psicoterapia. Únicamente que el trastorno se complique con una psicosis bipolar u otra entonces sí los psicofármacos administrados en psiquiatría ayudarían a complementar el tratamiento.

Soy de la opinión de no verlo como un enfermo, no soy partidario de etiquetas que dificultan la compresión de la persona que sufre el padecimiento y hace difícil su recuperación. Es mejor ver al ser humano con sus capacidades potenciales de realización que como alguien “difícil de curar”. A veces lleva tiempo para que todo el ambiente psicológico lo favorezca y se ilumine esa fortaleza interna e innata que en cualquier momento sale a flote y florece. En situaciones difíciles (pero no imposibles) hay que tener fe y esperanza, sortear los obstáculos y pasar las pruebas. “No hay peor lucha que la que no se hace”. Hay que tener paciencia y tolerancia cuando estamos en riesgos. Los dejo para que mediten y pidan por estos hermanos que sufren por estar encarcelados en sus jaulas.

 

            “La vida cobra sentido cuando se hace de ella una inspiración a no renunciar a nada” – José Ortega y Gasset, Filósofo español.

 

Dr. Carlos Alberto Barreto Rivero.

Doctor en Psicología Clínica y Psicoterapeuta.

E mail: cbarreto82@yahoo.com.mx