Mi familia política

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La historiadora argentina Diana Balmori ha sugerido que las familias no funcionan ni deben verse como unidades aisladas para un análisis histórico y sociológico (Balmori,1994).
Javier Hurtado (1993), define a las familias políticas como un grupo sociopolítico jerárquicamente estructurado, formado por los parientes (consanguíneos, afines, civiles, rituales) y allegados de un paterfamilias que tuvo una relevante participación en la formación de Estado.
Si bien un nuevo núcleo familiar formado de una pareja que inicia su vida, requiere de su autonomía en su nueva organización, toma de decisiones; unión de dos culturas que se amalgaman para dar origen a otra completamente distinta, todo ello es necesario y parte de un proceso en donde han dejado un núcleo para integrar otro nuevo, de tal manera que el anterior viene a formar parte de su familia pero no de su nuevo núcleo.
Por tanto requiere que ambas familias de origen permitan un paso libre para el logro de la madurez que ésta nueva organización familiar en consolidación  pueda ir viviendo las etapas propias del ciclo vital de la familia, entre las cuales es la constitución como pareja. Por ello es imprescindible la libertad de acción en cuanto a sus nuevas metas, objetivos, acciones, decisiones, así como las costumbres, ideologías y características propias de dos personas diferentes y de las que tomarán y desecharán lo considerable pertinente. Formando así una cultura nueva y quizá distinta a la anterior de cada uno de los nuevos esposos.
Es un proceso natural, necesario e importante, pero también requiere una nueva actitud  hacia el exterior de los involucrados en la nueva estructura, es decir; adquirir plena conciencia de que ya no pertenecen a la familia de origen de la misma manera. Ahora han formado otra y como tal debe ser su responsabilidad y acción. Es muy frecuente en los países latinoamericanos y en especial en México, tener cierto grado de dificultad por parte de las familias para vivir y practicar este proceso de manera sana y de acuerdo a las condiciones necesarias para lograr cierta madurez de ambos núcleos.
Es entendible la complejidad, de la separación y autonomía de la familia original, en ocasiones los padres desean seguir ejerciendo autoridad sobre alguno de los dos nuevos esponsales o expresan el control sobre ellos de alguna u otra forma.  Es frecuente ver cómo uno de los dos se deja seducir por dicho control o autoridad externa.
En otros casos uno de los dos nuevos esposos, tiene dificultad para romper el lazo y con frecuencia desea hacer todo con los padres o permanece largos periodos de tiempo en la casa materna. Son situaciones en las que se debe poner especial cuidado e ir cultivando la nueva estructura familiar en los aspectos: emocional, psicológica, espiritual y material e incluso físicamente.
Así mismo los padres tienen la responsabilidad moral de permitir la libertad en todos los aspectos a la nueva pareja, teniendo claro que el hijo o hija, no se encuentra con el ideal de persona que ellos desean, sino con un individuo (a), con defectos y virtudes, que no necesariamente va a cumplir con sus expectativas; de la misma forma como ellos algún día tal vez no cumplieron las de sus suegros.
El nuevo miembro ha de ser integrado como uno más en la familia y a su vez los padres del cónyuge deben ser una parte importante del nuevo matrimonio, pues son los Seres que les dieron vida.
Es parte de la madurez el lograr paso a paso un proceso de aceptación e integración mutua a sus nuevas vidas, evitando las intromisiones, los abusos, el control, manipulación, recordando que se está gestando una nueva mini sociedad que dará frutos más adelante y requiere un ambiente sano  para ello.

 

Dora Córdoba de Campa
Maestría: Ciencias de la Familia.
Consejería, Conferencias.
Dcordobaf67@gmail.com