La educación de una Madre, segunda parte

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• Por el bien de todos, no es saludable comparar, criticar negativamente o descalificar a nuestros hijos, pero son criticables sus conductas cuando están actuando inadecuadamente y de manera reprobable. No use frases comparativas de “aprende de tu…”, “¿Cuándo serás igual a tu hermano?”, “te pareces tanto a tu padre”, refiriéndose a las conductas y actitudes negativas. No se acostumbre a usar frases con las palabras “siempre” o “nunca” cuando llame la atención a su hijo, ya que forman parte de ideas absolutistas que usan frecuentemente personas con actitudes negativas. Es más recomendable decir: “Hola hijo, me gustaría comentarte algo, a veces he notado que haces las cosas de la misma manera y veo que te salen mal según mi percepción, que tal si lo intentas hacer de otra manera y observas si hay cambios, tal vez podrías obtener diferentes y mejores resultados, hasta puedes sentirte satisfecho y orgulloso de tus logros”, “hija, últimamente he estado pensando mucho en ti, y hoy quiero aprovechar la oportunidad de decirte que te quiero, que te amo con todo mi corazón y con todo mi amor, siempre estaré agradecido con Dios, por ser para mí una bendición desde que llegaste a mi vida, desde entonces te puedo decir que soy la mamá más feliz del mundo, y que cada vez que te veo, puedo ver la vida con esperanza”. Usa frases como “tú puedes hijo”, “lo vas a lograr, yo te veo llegando a la meta”, “qué guapo te ves, eres muy apuesto y galante, como todo un caballero”, “eres mi rey”, “eres todo un hombre de pies a cabeza”, “qué hermosa sonrisa tienes hija”, “eres una niña o mujer muy hermosa”, “eres mi princesita”, “te felicito, por tu honradez”, “felicidades por tu honestidad”, “mi respeto porque has logrado lo que te propones”, “me agrada tu actitud positiva”.
• El conocimiento cuando se comparte con otros padres se vuelven experiencias enriquecedoras que pueden ser útiles, al saber qué hace otro padre cuando están pasando por una etapa de rebeldía. Ayuda a que la angustia que se vive por las etapas de nuestros hijos, las acepte como etapas temporales y algo que se va a convertir en algo permanente. Hay tantas frases comunes que sirven de alivio cuando se escuchan de la boca de otros padres, y aquí escribo una que es muy recurrida entre nosotros: “no te preocupes”, “eso es muy normal, a mi hijo le pasaba lo mismo que a tu hijo”, son frases que ayudan ver objetivamente un problema que así lo veo, pero que no lo es, logrando un efecto tranquilizador que hace que tome las “cosas” con calma o con la “cabeza fría”.
• Es recomendable acudir de inicio a consulta con un profesional, una vez que se presentan estas situaciones, para obtener información, orientación y seguimiento a nuestro caso, con el fin de no vivir en constante preocupación reciclando ideas negativas o improductivas, más bien, que nos ayuden a actuar de manera correcta o adecuada, siempre que tengamos la supervisión de dicho profesional o especialista en niños, adolescentes o jóvenes. Con esta ayuda, tenemos todo para ganar.
• Es de sabios reconocer nuestros errores. Si queremos mejorar la forma de educar a los hijos, además de reconocer los errores, también está su aceptación, y eso no significa que seamos malos padres. De las equivocaciones también se aprende, y de ahí se deriva la importancia que tiene ese aprendizaje como fuente de conocimiento y sabiduría. Aceptar que me equivoco diciendo: “Te ofrezco una disculpa…”, “perdona, no fue mi intención hacerlo”, “lo siento mucho, lamento haberte herido con mis palabras y mis acciones”, fortalece la autoestima, corrige la conducta, reconoce a la persona, genera emociones positivas, entre otros aspectos.
• Haga constantes los reconocimientos. Psicológicamente una conducta positiva se puede repetir cuando se reconoce, esto genera la posibilidad de que vuelva aparecer para obtener dicho reconocimiento, especialmente de las personas que le interesa a un hijo, como son sus padres y hermanos, sin olvidar a toda la familia. Todas las muestras de cariño, son efectivos para educar a los hijos, y si aplicamos dicho amor junto a la disciplina, se obtendrán mejores resultados, es decir, niños que se formarán en un ambiente de respeto llegando a ser personas de bien y de servicio a la comunidad. Todo hijo que reciba apoyo de sus padres, podrá resolver cualquier adversidad que se le presente en su vida. Si a un niño se le trata con palabras hirientes, se descalifica en su persona, usando palabras negativas que atacan a su sensibilidad, autoestima o dignidad, tiene consecuencias graves a largo plazo, llegando a afectar la percepción de sí mismo y el desarrollo de su personalidad. En cambio, si queremos desarrollar o construir un autoestima alta o fuerte, es necesario darles amor diario, constante y generosamente, de tal forma que ellos se sientan amados, importantes, valiosos. Recordar que por amor también se corrigen las conductas negativas, se le llama la atención porque se le quiere y el instrumento adecuado para este fin es la disciplina, no el castigo, ya que éste afecta a toda una persona llegando a desarrollar desde emociones negativas hasta la llamada personalidad múltiple o trastorno de identidad disociativo.
• Son mamá antes de ser amigos. No se requiere ser amigo, para fomentar la confianza con los hijos. El diálogo con ellos permite dar afecto, cuidados y la protección que necesitan, porque primeramente somos padres que educamos, y nos corresponde ejercer una autoridad, que hoy en día ha sido relajada, mal o no aplicada. De ahí la importancia de usar la experiencia aprendida para establecer reglas, normas y criterios que ayuden a la educación con disciplina. Entre amigos hay confianza y llega a haber admiración por lo que son, por lo que si los padres sólo quieren aprobar lo que sus hijos hacen, y no aplican la autoridad que les corresponde con los límites que sean necesarios, los hijos no podrán confiar en nosotros como padres para la formación de su carácter y de una personalidad única e irrepetible que lo distinga en la sociedad como persona con valores basados en el respeto a la dignidad humana.
• Una madre es aquella que con la disciplina de la palabra “no”, se mantiene firme en sus decisiones, enseñando la paciencia en el arte de esperar ante la avalancha de berrinches y caprichos infantiles, el autocontrol ante emociones encontradas o en conflicto que invaden y nublan la razón, para que al final se forme el carácter del hijo en el seno familiar, que lo hará fuerte ante una sociedad sin control.
• Finalmente darle la importancia que se merece al complejo desarrollo emocional de los niños. El ser humano posee un sistema de emociones que se desarrolla de manera dinámica, indescriptible e inestable, permitiendo ayudarles a contenerlo y guiarlo, cuando comienzan a sentir las emociones sin comprender de qué se trata, como si fuera un mar ilimitado de olas en movimiento, listas para acompañarnos y experimentar con ellas a lo largo de la vida. Creemos que ellos sienten igual que nosotros, cuando ellos apenas empiezan a conocer su propio mundo interior. Ser sensibles y responsables de ellos nos toca a los padres, ser conscientes de las emociones, les toca a los hijos identificar qué sienten para darles control y dirección.

Fuente consultada para escribir,
adaptar y desarrollar esta colaboración:
http://www.serpadres.es/

 

Carlos Bernardo Prado Rivera
Maestría en Desarrollo Educativo
Lic. en Psicología
Cédula Profesional SEP 5760904
Tutor Escolar en CECyTES Hermosillo II
cprado25@hotmail.com