Por fin terminé la prepa

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Qué hermosa frase es aquella cuando se escucha en la voz de un joven decir: “Por fin terminé la prepa”. Al recordarla puedo entender que lo dice con tanta vehemencia, como si todavía no lo creyera. Es cuando un sueño se hace realidad. Los padres o maestros piensan que también ya lo entendió. Por fin, aquel adolescente que parecía no importarle su escuela porque faltaba mucho, no entraba a clases, presentaba exámenes de regularización o extraordinarios por reprobar sus cursos, daba la idea de que en cualquier momento dejaría la escuela por falta de interés, por sentir que había fallado a sus padres en su intento por estudiar o que lo dieran de baja por reprobación o por el reglamento escolar.
Para esta ocasión, éste no es nuestro caso, porque precisamente en estos últimos días de junio, algún hijo o familiar vivió su graduación en un evento público en presencia de autoridades educativas, empezando por los padres de familia, quienes han esperado ansiosamente durante tres o más años, según sea el caso, para ver graduar a su hijo(a).
“Nada de lo que he hecho, lo he hecho solo” o “agradezco a mis padres, maestros, amigos por apoyarme en esta etapa de mi vida”, son algunas de las frases que escuché en ceremonias de graduación, como muestra de agradecimiento de un adolescente o joven que logró su meta y que pudo decir “por fin terminé la prepa”.
Es indescriptible lo que ve uno en los rostros de los jóvenes y de los padres de familia cuando me acerco a ellos para felicitarlos y otorgarles unas palabras de reconocimiento. En el momento de ese encuentro, del saludo acompañado de un abrazo, las palabras que uno puede decir, se quedan cortas ante la emoción que expresan por lograr un objetivo, por llegar a la meta, por conquistar un proyecto. No sólo por haber construido un proyecto más en la vida de cada uno de los jóvenes, sino también en una madre, un padre, maestros, tutores o familiares cercanos que de una u otra manera, los acompañaron durante los últimos quince años de escuela contando desde la etapa de preescolar.
Es cuando se valora a las personas que cuidaron a los hijos siendo niños, desde la abuela que prefiere cuidar a sus nietos en lugar de dejarlos en el preescolar, la tía, prima o los mismos hijos que apoyaron porque no encontraban espacio en una escuela para cuidarlos. Cómo olvidar tantas historias que pasaron día con día, con los momentos de tensión cuando aparecieron las enfermedades, accidentes, y otros eventos que en su momento pusieron a dudar si terminaría el ciclo escolar o el año de estudios.
Al final, en pocas palabras intento describir, que aunque me siguen faltando tantas cosas por mencionar, lo que nos da gusto saber es que se concluyó una etapa más de estudios, un proceso o el proyecto soñado y construido, hasta llegar a ese momento en que el joven dice con mucha emoción y desde el fondo del corazón: “Por fin terminé la prepa”.

Carlos Bernardo Prado Rivera
Maestría en Desarrollo Educativo
Lic. en Psicología
Cédula Profesional SEP 5760904
Tutor Escolar en CECyTES Hermosillo II
cprado25@hotmail.com