No es lo mismo tener razones a tener la razón

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Couple are separated by white wall having relationship problems

¿Las cosas no están funcionando? ¿Cómo detectar si tu pareja es el problema o tú lo eres?

Vivir en pareja es mu difícil. El índice de fracaso matrimonial ha ido aumentado. ¿Qué sucede? ¿Cuál es la causa? ¿Es acaso que ahora es más fácil divorciarse o será que ahora es más difícil vivir en pareja? ¿Los hombres cambiaron o fueron las mujeres?¿El problema es que los hombres no cambiaron?
La respuesta a estas preguntas será completamente diferente si las responde un hombre a si las responde una mujer. En mi experiencia cuando se acerca, una mujer o un hombre a buscar terapia, siempre tiene la idea de que la terapia lo que hará es hacerle ver al otro lo mal que está. Es un deseo por tener la razón todo el tiempo, de “achacarle” los problemas al otro; y lo que hace difícil y se convierte en un conflicto es que los dos desean lo mismo: Tener la razón.

No es lo mismo tener razones a tener la razón
Esta frase siempre me ha resultado interesante, porque en los pleitos de pareja ambos siempre tienen razones para sentirse molestos, tristes, abandonados, desesperados, inseguros, etc., sin embargo lo que define quién está bien y quién está mal tiene más que ver con las intenciones que con los hechos.
La relación de pareja se complica por las expectativas que se tienen del otro. Porque nos gusta medir al mundo con nuestra propia bara, porque asumimos y juzgamos a nuestra pareja desde nuestros propios pensamientos y de cómo vivimos el mundo, ¿pero cómo definir quién es el problema?
Paso 1. Define el problema. ¿Cuál es el problema? Seguramente me vas a decir: El problema es mi pareja; y te voy a decir algo: El Problema es distinto de la persona siempre. Tú tienes un problema con tu pareja, tu pareja no es el problema. El problema está en la relación. Y creo que debes repetir muchas veces esto antes de buscar más respuestas, porque si no abandonas la idea de que el otro es el problema, el pensamiento de deshacerte de tu pareja será tu salida más inmediata y eso no te da éxito ni satisfacción. Para ganar una guerra hay que pelearla. ¿Cuál es el problema? ¿El problema es que me desespera que llega tarde, que se queja de todo, que me menosprecia, que cada vez que hablamos grita… define todas las causas que te hacen querer tener la razón.
Paso 2. Cambia la pregunta de Tamara ¿quién es el problema? A ¿quién soy yo en este problema? Responde, date el tiempo de analizar quién eres. Deja de pensar en él o en ella. Define: ¿Qué has hecho para que crezca el problema? ¿Qué has hecho para que cambie el problema? ¿Quién eres en las soluciones? Si dejas de culpar y te analizas vas a descubrir qué papel juegas en las soluciones. Tenemos un vicio impresionante de culpar a los demás por lo que va mal en nuestras vidas. “Tú tienes la culpa”. “Tú me haces enojar”. “Es que me vuelves loco(a)”. “Haces que me sienta solo(a)”.
Darle la responsabilidad al otro de lo que te pasa es darle el poder de aniquilarte. Deja de esperar a que alguien más resuelva lo que te molesta, actúa, resuelve tu vida, sé quien quieres ser. El otro no está viviendo las cosas desde tu trinchera, jamás te va a dar los resultados que esperas, siempre se va a equivocar. Mueve la vida para donde quieres vivirla.
Paso 3. Define qué quieres. ¿Qué te gustaría que pasara? ¿Qué necesitas? Verás que definir esto no es tan sencillo. Vas a descubrir que muchas de las cosas que se te van ocurriendo, si piensas en lo que tú puedes hacer para que las cosas cambien, el otro deja de ser problema. Separas a la persona del problema y buscas soluciones para el problema. El problema tiene solución y tú eres parte de ella.
Cuando analizas lo que quieres, también descubres tus intenciones, te escuchas y te juzgas: “Quiero que se arrepienta y cambie” En terapia lo que preguntaría es: “¿Y qué esperas ver para saber que se arrepiente?”, para que entonces tú aterrices tus ideas y me digas: “quiero que se arrastre por el piso 15 kilómetros, le caiga un balde de agua caliente y grite: Mi amor te amo”. “Es que quiero que sufra como me hace sufrir”.
Quizás te cause risa, pero sólo con mucha honestidad en ti mismo(a) podrás saber si lo que deseas es posible o no es posible. Si es egoísta o no. Si es justo o no. Necesitas escucharte para definir tu necesidad.
Tu necesidad no es tener la razón. Tu necesidad no es saber si el otro es el culpable o lo eres tú. Tu verdadera necesidad es saberte amado y lo que sigue es que yo te pregunte ¿cómo es que amas tú?
Para transformar la relación de pareja hay que estar del lado de las soluciones y no del problema.
Para estar del lado de las soluciones, debes ofrecer soluciones, jamás esperarlas.
Amar es querer el bien del otro. Es decir ser un bien para el otro.

Ana Tamara Robles Pliego
Directora de Proyecto Eti-k
Lic. en ciencias para la familia.