Ser padres conscientes

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El requisito fundamental para una paternidad efectiva y eficaz es la de mantener la autoridad y no perder el equilibrio racional, para lograrlo se necesita tener autoconocimiento y control de las emociones, a diferencia del autoritarismo que era usado frecuentemente con poca consciencia racional porque fue una forma para generar miedos y así controlar a sus familias. Hoy sabemos que este método no genera hijos sanos con buena autoestima. Existen métodos de enseñar con disciplina, orden y respeto formando un ambiente propicio para el desarrollo personal de sus congéneres favoreciendo sus relaciones interpersonales, aumentado las capacidades y valores. Una disciplina bien dirigida da la oportunidad a padres e hijos a conectarse mejor y redirigirlos hacia comportamientos placenteros, funcionales.

La palabra “disciplina”, desde sus inicios, ha estado relacionada con la enseñanza, con el aprendizaje y con dar instrucciones. Se le asocia comúnmente con los castigos o los correctivos, pero su acepción se define como “alumno”, “pupilo” o “educando” a aquél que recibe la práctica de aprender a poner límites permitiendo tomar buenas decisiones. Si somos bien disciplinados seremos conscientes del beneficio de adquirir mayores destrezas desde una postura de respeto y dignidad.

En la práctica consciente nos damos cuenta de que cada niño es diferente y que ningún enfoque psicológico ni estrategia parental es totalmente eficaz. El educador -padres, maestros- tienen que prepararse para conocerse mejor y no proyectar en los niños sus fallas internas. Además, ser conscientes que no se va a lograr fácilmente la cooperación inmediata, así que es necesario tener paciencia, darles el tiempo necesario para reaccionar positivamente, hablarles con calma, reconociendo sus adelantos y esfuerzos, aprobándolos cuando logran alcanzar objetivos. Por otro lado, evitar sus conductas molestas sin alterarse, sin reforzar lo negativo. Éste es un objetivo a corto plazo. La finalidad es promover reacciones amables y respetuosas. Mientras que a largo plazo se enseña a los niños para que desarrollen destrezas y capacidades a fin de manejar mejor las emociones negativas aceptadas por él cuando se descontrola, actúa por impulso, pide más de la cuenta o se frustra por algo o entra en “berrinche”. Se trata de enseñar habilidades que no posee y que con la práctica racional-emotiva puede llegar a controlar y luego generalizar para con otras situaciones. La disciplina tiene el alcance de habilitarlo para poder controlar sus propios límites.

Mediante estos ejercicios, los padres e hijos estarán usando métodos  psiconeurofisiológicos que formarán huellas mentales en los hemisferios cerebrales fortaleciendo el aprendizaje. En los últimos años los científicos han accedido a informaciones del cerebro que aportan mucho sobre los efectos de la disciplina afectuosa, respetuosa, coherente y efectiva ayudando mejor a los niños a desarrollarse, aumentando las conexiones sinápticas, produciendo mejores actitudes y relaciones sociales que mejora la cooperación.  El objetivo principal es criar a los hijos teniendo en cuenta sus capacidades mentales.

Para lograr la conexión emocional y afectiva con los hijos es fundamental, para ello debemos experimentar a nivel profundo la atención directa con respeto y amor transmitiéndoles apoyo y comprensión. A pesar de los disgustos, no perder la paciencia. Recordando que cuando el niño se siente y actúa mal es cuando más necesita de apoyo y consideración de los padres. Sea como sea, en toda intervención disciplinaria se debe mantener la constante de enseñarle a los hijos lo que corresponde con una comunicación clara, siempre en la permanente conexión afectiva de respeto mutuo.

Dr. Psic. Carlos A. Barreto Rivero
Doctor en Psicología Clínica y
Psicoterapeuta, con más de 20 años de experiencia clínica en Sonora.
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Tel. 214 9554.