Saber ser hospitalario… ¿Tú lo eres y lo disfrutas?

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Platicando con mis alumnas durante clase, inicié preguntándoles, ¿qué es la hospitalidad para ustedes? La mayoría me contestó: Agasajar a los invitados,  ofrecerles la estadía en tu casa, compartirles comida de forma generosa, entre otras respuestas más. Pero una alumna, levantando su mano y tratando de decir que ella acertaría, me dijo que la hospitalidad va mucho más allá. Exactamente, ¡en ese momento le dieron al clavo! Y así es la hospitalidad. Es un término amplísimo y muy rico, del cual vale la pena explorar y compartir.

La hospitalidad se define como “virtud de quien recibe en su casa con agrado y agasajo” que exige entrega, cariño y muchos detalles. ¿Por qué creen que leemos en repetidas ocasiones en la industria de la hospitalidad principalmente (hoteles y restaurantes) vendiendo lo siguiente,  donde pretenden trasladar el clima de hogar a los servicios que ofrecen?:  “Coma como en su casa, duerma como en su cama, siéntase como en su casa…”. La hospitalidad dentro de cualquier espacio armónico transmite un más allá, te invita a sentirte pleno con uno mismo y te recuerda lo bonito y agradable que es pasarla bien, rodeada de personas o amistades que te invitan a vivir el arte de conversar, de conservar ritos y costumbres familiares, de saber estar y dejar disfrutar al otro. Al ser hospitalario, no debemos olvidar que lo importante es saber convivir con los nuestros, sea en un ambiente familiar, profesional o social.

Un hogar hospitalario por ejemplo, es el lugar en donde se hace posible el crecimiento y el desarrollo de las potencias humanas. En el aspecto material satisface las necesidades básicas que generan bienestar, en el aspecto afectivo-formativo ayuda a que la persona madure y  en el aspecto de servicio nos ubica en el orden, belleza y la participación de todos. Uno puede ser hospitalario en su casa cuando:

  1. Estamos orgullosos de vivirla y disfrutarla.
  2. Nos sentimos cómodos y alegres de compartirla.
  3. Tenemos detalles como anfitrionas, donde nos gusta recibir.
  4. Pasamos un rato agradable y lo valoramos.
  5. Dejamos ser a nuestros invitados sin ponerles límites siempre y cuando haya respeto.

Y por último, los invito que abramos nuestro corazón, abramos nuestras agendas, abramos nuestros hogares…  Esa apertura hacia el otro, ese descentramiento de nosotros mismos, es el camino que conduce a la felicidad y a un futuro que las familias jóvenes deben de vivir. Hagamos de nuestra vida una fiesta compartida. Hasta la próxima.

Lic. Alhelí Ayala Robles L.
Lic. en Administración de Instituciones, egresada de UP-Esdai.
Profesora de la Academia de Administración del Hogar- preparatoria Liceo Thezia.