Mi hijo no quedó en la universidad, ¿qué hago?

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Qué gran dilema es esta realidad y muy triste para muchos padres, el aceptar que su hijo fue rechazado por una universidad donde presentó su examen de conocimientos. Pareciera que no tiene la capacidad para seguir sus estudios, sin embargo, pudiera ser que el hijo no se preparó lo suficiente o sus emociones no le ayudaron a mantener la concentración en el examen. Estas son algunas de las ideas que pasan por la cabeza de muchos padres de familia que han puesto sus expectativas en sus hijos. La pregunta es ¿qué sigue?, desde el punto de vista de un padre impactado por la noticia de su hijo rechazado por la universidad. El mundo pareciera que se le viene encima y ya no hay futuro para él ni para su familia. A través de los años, la experiencia nos dice que siempre hay esperanza para los padres que apoyan a sus hijos a seguir estudiando el nivel que deseen. Año con año los procesos de selección se vuelven más estrictos, y exigen lo que ahora se le llama transparencia y equidad. Entendiendo a la primera, como la etapa de un proceso donde se dan a conocer los criterios de participación, de evaluación y de selección; mientras que la segunda, se refiere a dar la oportunidad a todo hombre o mujer, sin importar la condición física, económica, política, religiosa o de procedencia social. Dichos procesos de selección son necesarios para contrarrestar las rechazadas prácticas que dan privilegios a unos e ignoran a otros, quedando desprotegidos los jóvenes más vulnerables. Ahora contamos con organismos externos que diseñan y aplican exámenes a todo joven bachiller que desea ingresar a una universidad pública, sin importar la escuela de procedencia o su condición académica, económica, familiar o social. Una vez que apruebe su examen con un puntaje en aciertos entre los más altos, tendrá la posibilidad de ocupar uno de los lugares reservados en la universidad de su elección, gracias a sus conocimientos y habilidades. Esto marca una diferencia con la forma en que se seleccionaban a los alumnos en otros tiempos. Antes, para quedar seleccionado en la universidad, dependía de entregar en forma, los requisitos en las fechas de inscripción y esperar que el nombre del candidato a estudiante universitario apareciera en las listas publicadas por la escuela, sin llegar a conocer los criterios de selección establecidos. Para quienes quedaban seleccionados solo importaba saber que fueron aceptados, dando inicio a su vida universitaria y agradeciendo el apoyo a quienes les ayudaron a cumplir con los requisitos. Hasta aquí se decía que tenían suerte de ser aceptados, sin valorar el esfuerzo hecho para ganarse ese lugar. Así que, quedar seleccionado para estudiar en la universidad, era un privilegio que se daba al personal responsable de seleccionar y publicar dichos
resultados, sin el compromiso de informarlos a los candidatos universitarios. De aquí la importancia que tienen estos exámenes diagnóstico de admisión, donde los estudiantes aportan sus conocimientos y pueden obtener retroalimentación, consiguiendo certeza de su desempeño evaluado por los diseñadores de dicho examen. Con estas estrategias se han podido clarificar los procedimientos, transparentar los procesos, dar certeza a los resultados, confianza en la institución universitaria, justicia para los estudiantes que obtienen un lugar gracias a su desempeño y esfuerzo, reconocimiento académico para ellos y reconocimiento social a sus padres y familiares. Al título de este artículo que dice: “mi hijo no quedó en la universidad, qué ¿hago?” Sólo me queda sugerir que estemos atentos a ellos, impulsarlos a superar obstáculos, motivarlos a esforzarse, volver a presentar el examen en la misma universidad o en otra, enseñarle a sobreponerse de esa experiencia impactante al ser rechazado, buscar opciones para elegir su vocación o carrera universitaria, asesorarse para tomar decisiones inteligentes, ponerse a prueba ante profesionales de la educación para obtener un diagnóstico o perfil de sus competencias académicas, profesionales y laborales. Lo mejor para un hijo es ver a sus padres que lo apoyen y planeen juntos el siguiente paso a concretar, como es investigar en las plataformas virtuales, la información que publica la universidad de su interés. De tal manera, que puedan establecer su proyecto académico y profesional, en cuanto a la carrera de su elección, con objetivos, metas a varios plazos, con sus respectivas estrategias, actividades y apoyos con los que cuentan, así como los obstáculos que se les puedan presentar desde ahora hasta que inicien los preparativos para los estudios de una carrera profesional. Por último, no importa la edad, el tiempo, la situación o la condición en que se encuentre una persona, siempre hay un momento adecuado para iniciar un buen proyecto, continuar aquel que está en espera, o aquel que se ha venido posponiendo para una siguiente oportunidad en el futuro. Siempre habrá obstáculos y tropiezos, adversidades y reveses, pero también las oportunidades llegan cuando menos lo pensamos y nuestras decisiones sobre ellas. Como el tiempo no entiende de excusas y pretextos, es mejor darle buena cara. Si eres hijo habla con tus padres, ellos desean saber qué piensas y qué quieres hacer en un futuro próximo; y si son padres o tutores, hablen con su hijo, ellos esperan una palabra de aliento, apoyo, aprobación, acompañamiento y de motivación.

Carlos Bernardo Prado Rivera
Maestría en Desarrollo Educativo,
Lic. en Psicología, Cédula Profesional SEP 5
760904,
Tutor Escolar en
CECYTES Hermosillo II
cprado25@hotmail.com