Matrimonio: Lucha de poder

Es tan importante que te des cuenta que tú tienes el poder de la relación mientras desees amar tu relación. Las cosas cambian cuando tú cambias...

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Me encuentro leyendo el libro de Thomas Grey: Más allá de Venus y Marte, libro que escribe 20 años después de haber publicado “Los hombres son de venus. Las mujeres son de marte”; y me resulta muy interesante cómo describe el cambio en el rol de pareja que se presenta en nuestras generaciones y qué es lo que se mantiene presente respecto a las generalidades del género que presentó en su primer libro.

Siempre me ha resultado apasionante entender las diferencias de género, porque profundamente creo que somos diferentes, lo que no significa que valgamos diferente, nuestra dignidad vale igual, pero la manera en cómo nos relacionamos con todo nuestro mundo es distinta. Coincido con Tho-mas Grey con que las nuevas generaciones podemos experimentar mucho más ambos géneros nuestros lados tanto masculinos como femeninos y eso pareciera esconder nuestras diferencias.

En mi tiempo trabajando con parejas y ayudando a personas que desean mejorar sus relaciones me doy cuenta que debido a las nuevas oportunidades, a la apertura del mundo, y a la posibilidad de expresarnos siendo todo lo que somos con mucha más libertad, las personas hemos cambiado y con ello nuestras relaciones.

En este artículo quisiera hablar de un aspecto que veo en repetidas ocasiones y  además es un tema muy común entre amigas y es: La lucha de poder; la cual siempre ha existido, pero en nuestro tiempo la bomba que hace explotar el matrimonio es de mecha mucho más corta y los motivos o la clase de poder que peleamos ha cambiado.

Es común escuchar la queja de una mujer porque el hombre no se involucra los suficiente, que ayuda poco en casa y que deja las cosas siempre hasta el final; o la queja de un hombre de sentir que su mujer lo quiere controlar todo el tiempo y que no le da su espacio.

Hoy por hoy escuchar que un hombre le diga a una mujer “ése es tu rol y te toca”, puede despertar un volcán. La mujer ya no quiere adaptarse a un rol establecido porque de alguna manera hace una diferencia desvaloriza y aunque el hombre quisiera que su mujer fuer mansa y dócil, resulta difícil que la mujer esté dispuesta.

También ahora los hombres pueden expresar libremente su lado femenino y dedicarse más a las labores del hogar. Muchos matrimonios en la actualidad quien lleva el peso económico de la casa resulta ser la mujer y existen más hombres cómodos con la situación.

La mujer se siente poderosa y en gran medida siente que ya no necesita a un hombre que la proteja. El hombre descubre que su papel ya no es la de proteger y no sólo ser proveedor, el hombre descubre que su realización como pareja es mucho más profunda que antes. En la actualidad la posibilidad de felicidad de las parejas es mucho mayor porque ya la razón ya no es tan egocéntrica, sino un “quiero estar contigo por ti”, sin embargo tenemos el mayor índice de divorcios de la historia y las personas cada vez se casan menos. ¿Qué sucede?

Se nos está olvidando que ser pareja, implica hacer pareja. Es decir que casarte es hacer común y tenemos pánico de entregarnos libremente, de ponernos al servicio del otro y de dedicarnos a hacerle feliz, sino al contrario, el matrimonio se ha vuelto un 50% y 50% en donde “doy lo que tú das, y si no das, no doy” y el matrimonio está en un constante estiramiento que debilita las fibras hasta que se rompe.

Sentimos que el otro va a abusar si uno da más del 50%, que el otro no sabe cuidar y valorar el esfuerzo que uno hace y que es mejor ir soltando poco a poco para que no se acostumbre a que tú das, porque la pareja va a dejar de aportar a la relación.

Lo triste de todo esto es que como esta filosofía la traen los dos en la relación, lo más seguro es que así es como suceda.

Cuando descubres en pareja que es mejor que los dos den lo mejor de sí mismos, que aprendan a mostrarle al otro que están en la mejor disposición de dar el 100%, que están en la lucha por dar el 100%, que van luchas siempre, el matrimonio se vuelve algo ligero, con posibilidad de soluciones, siempre con la posibilidad de que las cosas mejoren y sobre todo, sin temor a dar, porque tienes la garantía de que también el otro está dando.

Creo firmemente que tanto hombres como mujeres queremos amar y que nos amen con fuerza, el problema no está en dar, sino lo que la otra persona hace con lo que recibe.

Es posible que mientras lees estás pensando en enseñarle este artículo a tu pareja, porque debe cambiar y dar más; sin embargo si quieres que las cosas cambien, empieza a cambiar tú. Es tan importante que te des cuenta que tú tienes el poder de la relación mientras desees amar tu relación. Las cosas cambian cuando tú cambias.

1. Comunícate sin reclamos y sin juicios, el juicio y asumir son vicios que destruyen cualquier relación. Deja de ver la paja en el ojo ajeno que , aunque segurament tiene razón para molestarte, también el otro las tiene y tú puedes cambiar y mejorar respecto a ti mismo o misma, lo que decidas. Del otro tú no tienes el control, pero de ti, al 100%

2. Expresa tus sentimientos, habla de lo que piensas, pero recuerda que todo lo que sientes es tuyo y nunca la culpa de alguien más. Hacer común es compartir, lo más tuyo que tienes son tus emociones, es bueno platicar y ayudarle al otro a entenderte.

3. Escucha lo que tu pareja quiere decirte. En sus actitudes, en sus miedos, en sus enojos. Muchos tienen problemas para expresar sus emociones pero las personas hablamos en todo lo que hacemos.

4. Construye experiencias que les regalen alegrías y memorias que los pongan a flote cuando las cosas estén mal entre ustedes.

5. Recuerda que somos diferentes y que la oportunidad está en la diferencia no en la igualdad. Ponte en los zapatos de tu pareja y trata de entender su mundo, es la mejor manera de amarle.

6. El matrimonio es cambiante porque tú y tu pareja están cambiando. La relación debe ser flexible y reconstruirse a cada momento. No te paralices en el pasado, crece tu visión de futuro y aprende a vivir el presente.