CAPRICHOS EN LOS NIÑOS PEQUEÑOS Y SUS CAUSAS.

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worried little kid

El niño es un ser demandante. Desde que nace está pidiendo: pide comida, que se les cambie el pañal, que se les atienda… Y a medida que vaya creciendo seguirá demandando más allá de sus necesidades reales y de lo que puedas satisfacer.

Es absolutamente normal que en un periodo de la vida de un niño aparezcan los denominados caprichos, les guste mandar o salirse con la suya, en ocasiones esta conducta se mantiene en el tiempo y se convierte en la forma habitual de conseguir lo que quiere y de interaccionar con el ambiente que le rodea. No debemos permitir por lo tanto que esta normalidad se convierta en la norma segura para obtener lo que desea. En cierto modo con estos retos nos está pidiendo que le pongamos límites. Es necesario que aprenda desde el principio que no se puede obtener todo lo que quiera.

¿Qué hace a un niño caprichoso?

Todo el ambiente en el que vive el niño influye y determina su comportamiento, pero no debemos olvidar, “los padres somos modelos y nuestra forma de actuar será lo primero que adopten. Somos su primer ejemplo y un referente seguro para ellos. Aunque también la publicidad, la televisión y los valores sociales predominantes influyen sobremanera en nuestros hijos, inundándolos con mensajes atrayentes, ejerciendo sobre ellos gran presión social ya desde temprana edad y provocando la sensación de que esos modelos egoístas, caprichosos y materialistas que suelen ver en los programas de televisión son la referencia más eficaz para conseguir las cosas”.

Saber decir no

Ceder ante las exigencias de los niños puede ser muy tentador. Superados por el cansancio, los sentimientos de culpa o con la paciencia totalmente agotada podemos satisfacer los caprichos de los niños escudándonos en la creencia del “ya tendrá tiempo para aprender”, pero quizás cuando llegue ese “tiempo” ya sea tarde.

El remedio está en la prevención. Desde que nacen, los niños están en un continuo proceso de aprendizaje, por lo tanto es conveniente ser consciente de educar desde el principio, dando ejemplo coherente, constante y preciso. Cediendo con frecuencia sólo le enseñarás cómo ser perseverante. Aprende a decir no y no te sientas culpable por ello. Es necesario enseñarles que no todo se puede conseguir simplemente con pedirlo y mucho menos haciéndolo de formas inadecuadas (llorando,berrinches, etc.), ya que bajaría el límite de su nivel de tolerancia al mínimo y su capacidad de frustración, lo que acabaría redundando en el futuro inmediato del niño y a más largo plazo.

Cinco rasgos del niño caprichoso

  • Es obstinado y tozudo, capaz de recurrir a berrinches, rabietas y otras formas de llamar la atención para conseguir lo que desea, si se le ha negado de forma previa.
  • No es capaz de apreciar y satisfacer los deseos y necesidades de los demás, es egocéntrico y casi todo gira en torno a sus caprichos y antojos de cada momento.
  • En general, es un niño infeliz e insatisfecho que solo muestra una actitud tranquila a los pocos momentos de ver satisfechos sus deseos, ya que enseguida se cansa y vuelve a reclamar algo nuevo.
  • No valora las cosas, de modo que con frecuencia es descuidado con ellas porque sabe que puede conseguir más con facilidad.
  • Conseguir todo lo que quiere con muy poco o ningún esfuerzo le impide apreciar el valor del trabajo, de la disciplina y de los buenos comportamientos.

Cómo actuar

La buena noticia es que se  puede corregir, siempre que se rectifiquen los comportamientos inadecuados que han llevado a esa situación.

Estas son algunas recomendaciones  para evitar que un niño se vuelva caprichoso o para conseguir que deje de serlo:

  • Es importante no premiar ciertos comportamientos inadecuados en forma de risas o de gracia. A veces son realmente graciosos con sus actos, pero si son inadecuados, por muy simpáticos que parezcan, es mejor que no le prestes atención, y si te cuesta aguantar, sal de la habitación y ríete fuera para que no vea que recibe una recompensa agradable por ello.
  • Cuando realice una conducta inapropiada lo mejor es ignorarla. Si manifiesta rabietas o pataletas se vuelve aún más aconsejable esta norma, que puede complementarse con algunas técnicas como el “Tiempo fuera” (consistente en llevar al niño a un habitación donde no pueda jugar ni divertirse durante un tiempo razonable, que coincide con la finalización de la conducta problemática) o el proponerle alguna actividad incompatible con la que está realizando y que ha promovido la rabieta. No obstante, estas técnicas deben usarse con cuidado y ser consultadas con un profesional que pueda evaluar correctamente la mejor forma de aplicarla en cada caso concreto.
  • Pon límites claros y precisos estableciendo normas básicas y manteniendo tu palabra. Un ejemplo: antes de salir a la compra con él dile que sólo vas a comprar lo que esté apuntado en la lista y no cedas cuando lloriquee. Si lo haces sabrá cuál es su mejor arma para conseguir sus deseos. Reconoce su frustración diciéndole que sabes que está triste, pero mantente firme en la negativa a su capricho. Ellos tienen mucha paciencia, son insistentes y a veces es duro contenerse, pero si estás una hora sin ceder a sus demandas y al final de ese tiempo lo haces, para ellos será como si tan sólo hubiesen pasado unos minutos y habrás echado a perder todo el esfuerzo invertido.
  • La unión hace la fuerza. Los dos padres deben de estar de acuerdo tanto en la forma como en el modo de actuar para evitar que el niño se refugie en uno u otro logrando así “salirse con la suya”.
  • Fíjate cuando se está comportando bien y en ese momento préstale atención y hácelo saber premiándole mediante cariños, halagos o frases.
  • Cuidado con las excepciones: es habitual que determinados familiares o amigos adultos sean más permisivos con los niños y cedan a sus caprichos. No hay que prohibirles esta actitud, pero sí es necesario hacer entender al niño que son situaciones excepcionales, que no se debe exigir lo mismo en todas las ocasiones
  • Buscar otras alternativas: en ocasiones, los caprichos son tan solo una forma de reclamar mayor atención por parte de los adultos. Por eso, la mejor alternativa al capricho es muchas veces una recompensa inmaterial que represente una forma de pasar más tiempo con el pequeño. Cambiar un paquete de patatas por un buen rato con una madre o un padre en el parque puede ser la solución adecuada para muchos niños.

En resumen, decir que no a un niño debe hacerse tal y como le dices “sí”, esto es, con cariño, sin alterarte ni dejarte arrastrar por sus posibles reacciones, diferentes ante un “sí” que ante un “no”. Manteniéndote firme en la decisión tomada te facilitará pensar antes la respuesta que vas a darle a su petición. Una vez decidida sostenla hasta el final; procura que el “no” sea consecuente con la petición y que no obedezca a tu estado anímico sino a la situación concreta: no le contestes “no” porque estés enfadado, cansado o por situaciones o comportamientos anteriores.

El modo en que los padres afrontan los caprichos de los niños es determinante para cortar con este problema de raíz