Te comprendo y te puedo acompañar

Por: Adriana Álvarez Bárcenas

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El Instituto Nacional de Estadística y Geografía mejor conocido como INEGI documentó que 34.85 millones de personas se han sentido deprimidas; de las cuales 14.48 millones eran hombres y 20.37 millones eran mujeres, y yo fui una de ellas.

La depresión es muy escuchada hoy en día, pero no se profundiza el tema, pues no estamos informados de lo que realmente es y lo que esta enfermedad conlleva.

Eventualmente, todos nos sentimos tristes o desganados, pero estos sentimientos, por lo general, son pasajeros y se superan en poco tiempo. En cambio, cuando una persona tiene un trastorno depresivo, éste interfiere con la vida diaria y afecta al desempeño normal de sus actividades cotidianas.

La depresión se caracteriza por un estado de ánimo bajo y sentimientos de tristeza, asociados a alteraciones del comportamiento, del grado de actividad y del pensamiento.

En mi caso, viví situaciones fuertes que en su momento no solucioné y reprimí, las cuales me llevaron a días de tristeza, desorientación, baja autoestima, desmotivación y sobre todo negación ante la situación, no entendía por qué me estaba pasando eso a mí.

Al convertirse en estado de depresión, de cierta manera empecé a vivir fuera de la realidad, pues los días pasaban y mi mente se convertía en un lugar obscuro sin que yo estuviera consciente de ello, por lo tanto, no podía hacer nada para ayudarme y frenar la situación. Es como si no estuvieras enterado de lo qué esta pasando en tu propia vida.

A pesar de todo, en el fondo sabes que hay algo que anda mal en ti y que no es normal, y es en ese momento en el que debes de buscar ayuda. Atrévete a platicar con alguien sobre tu problema o lo qué estás sintiendo. Lo ideal es buscar ayuda profesional, ya que la depresión tiende a aumentar de nivel o gravedad muy rápido.

Fue mi psicóloga quien desde un principio trató mi enfermedad y me orientó a buscar ayuda psiquiátrica, ya que fue necesario complementar el proceso terapéutico con farmacéuticos.

Fue un proceso muy difícil lograr aceptar mí enfermedad y lo que viví. Y hoy en día puedo decir que el haber pasado por eso, además de marcar mi vida, me llevó a querer aprender más sobre el comportamiento y pensamiento humano, por ende, hoy soy orgullosamente una psicóloga.

Doy gracias a Dios, mi familia, amigas, excelentes especialistas y sobre todo a mi misma por ayudarme a salir adelante y vencer mi enfermedad.

Ahora puedo entender a todas las personas que padecen de enfermedades mentales y puedo decirles que todo es cuestión de tiempo, de saber pedir ayuda, apoyarte de tu red más cercana, pero sobre todo de querer salir adelante y luchar contra todos esos sentimientos anormales que atacan nuestra mente.

Ahora puedo agradecer a mi depresión porque me llevó a conocerme más, entender mis debilidades, mis fortalezas, y a impulsarme a hacer un gran esfuerzo por superarme y querer vivir cada día de mi vida al máximo.

A los que se identificaron con esta historia o que están pasando por momentos difíciles, les quiero decir que los entiendo, que todo va a estar bien y que esos días tan obscuros van a pasar y volverán a ver la luz. Deberás encausar este dolor para convertirte en una persona más fuerte. Recuerda, lo que no te mata te hace más fuerte.

¡Te comprendo y te acompaño en tu dolor!