La paternidad responsable cría hijos más sensatos

Por: Carlos A. Barreto Rivero

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Alcanzar este resultado es un verdadero reto para quienes los cuidan y protegen sin tener formación técnica ni práctica. Será un gran desafío, porque cuando se presentan los problemas habrá dudas, temores y desencuentros en los padres inexpertos e inseguros. Las causas más evidentes de estas dificultades no sería la falta de conocimientos o de formación de ellos sino más bien de su poca madurez y nivel de conciencia. Por lo tanto, si no hay coordinación emocional consciente entre los padres no es posible establecer una buena paternidad responsable. Padres conscientes y maduros mantienen el equilibrio mental dinámico de la familia evitando errores. No siempre se dan estas condiciones porque muchos quedan atrapados en condicionamientos mentales transmitidos de generaciones anteriores usando el sentido común.

Los padres y los hijos deben estar conectados en el aquí y ahora conscientes del presente a partir de un nivel educativo más profundo y consistente, en vez de actuar basándose en viejos patrones casi siempre autoritarios. Si los padres están ubicados en el pasado y los niños en el presente no habrá buena conexión, tanto el uno como el otro se sentirán inseguros, desconfiados y hasta resentidos porque no lograrán comprenderse en el presente a nivel profundo, con el mismo sentido positivo de la realidad. Cuando no hay encuentros vitales la comunicación es incompleta y riesgosa. Entonces es probable que se manifiesten conflictos generacionales inevitables, que provoquen disfuncionalidad familiar e individual.

“…Los hijos que estamos cuidando vivirán en nuestro corazón para amar y ser amados…”

El equilibrio emocional entre padres e hijos es difícil, pero no imposible, para lograrlo será necesario tener paciencia, razonamiento positivo inteligente y mucho amor. ¿Cómo? Analizando y comprendiendo que los errores que comenten los padres no siempre son responsabilidad de ellos, pueden ser consecuencias de relaciones pasadas que proyectan deficiencias en las relaciones familiares afectando al presente, causando mal comportamiento de los hijos y reacción impulsiva de los padres. Es decir, que el pasado de la paternidad suele presentarse en la familia provocando disfuncionalidades. Si los padres se dan cuenta de los errores que cometen, aceptando esa realidad, dejarán de proyectar sus “heridas” del pasado para dedicarse a resolver lo que les corresponde, sanamente. Este proceso no es fácil ni rápido. Es necesario aprenderlo bien y practicarlo hasta formar hábitos. Las viejas heridas necesitan tiempo y forma profiláctica para que se curen progresivamente. El proceso de sanación implica un esfuerzo personal y grupal de asertividad y resiliencia fortaleciendo con esperanza y fe las virtudes y fortalezas. Cuando se superen las dinámicas familiares fallidas, entonces y slo así, los hijos estarán más seguros de sí mismos y los padres más atentos al desarrollo de la conciencia y madurez de sus hijos para vivir en plenitud el presente junto a ellos, manejando los cambios propicios y las incertidumbres.

Carlos A. Barreto Rivero
Dr. en Psicología. Cínica, (UNAM)
Cbarreto82@yahoo.com.mx
Tels: 662 154 0484 – 662 214 9554