Me molestan en la escuela… ¡Ya no quiero ir!

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“Diego” era un niño alegre y bromista de 11 años, flojo para la escuela pero con gran afición al fútbol. Inició educación formal y hasta cuarto año en una escuela privada, la situación económica de los padres los obligó a buscar para “Diego”, una escuela pública ubicada en el sector en donde vive (clase media, media alta) y considerada buena escuela. El niño se entusiasmó con el cambio, extrañaría a sus amigos, pero era más atractivo el tener menos tarea.

Inició en agosto, al principio extrañó la disciplina de su antigua escuela, el ambiente físico, pero ante todo estaba obteniendo buenas calificaciones. Al ir pasando los días, él se fue trasformando, se convirtió en un niño, irritable, exigente, violento y se quejaba de dolor de estómago antes de ir a la escuela. Empezó a no poder dormir o despertar a media noche y no dormirse insistiendo que no quería ir a esa escuela. Los síntomas se fueron agravando hasta que les informó a sus padres que su renuencia en ir a la escuela se debía a que había un niño de sexto año con algunos compañeros que lo estaban molestando, le decían mariquita, fresa, lo empujaban de las escalera, lo seguían por el patio de la escuela en la hora del recreo y lo amenazaban. Los padres le dijeron que acudiera con la maestra y ésta le recomendó que enfrentara a los niños y al hacerlo el acoso se intensificó. Los padres hablaron con la maestra, y ésta les dijo que no se preocuparan, que tomaría acciones para evitar que el maltrato se siguiera dando y que estaría pendiente de Diego.

Días después cuando iban a la escuela “Diego”, llorando se agarró del cerco del jardín y empezó a gritar que no iría, en un momento se puso rígido totalmente como si estuviera paralizado y la mirada estaba perdida la madre se asustó y lo sacudió. En ese momento el niño empezó a decir una cantidad de improperios hacia ella, no la reconocía, la amenazó diciéndole “mire señora si me obliga a ir a la escuela le voy a hacer daño, me voy a ir de esta casa, quiero salir corriendo y no parar” al mismo tiempo no dejaba de repetir “tengo que matar a ese niño, él no tiene derecho a decirme y hacerme lo que me hace, lo voy a matar, repetía constantemente”.  Al presentar esta crisis los padres buscaron para “Diego” ayuda psiquiátrica el cual prescribió tratamiento y que dejara de ir a la escuela porque estaba siendo ACOSADO.

En una crisis de manera muy decidida dijo “ahorita me voy a matar a este niño” se fue a su mochila y sacó un cuchillo que días antes había escondido, amenazó herir a aquél que se lo impidiera, porque ese niño había hecho que toda su familia sufriera y que él no pudiera controlarse. “Diego” estuvo un mes sin asistir a la escuela, paulatinamente el medicamento y la intervención psicológica empezó hacer efecto y logró incorporarse a su antigua escuela. Ahora es un niño con un comportamiento casi normal, todavía no puede pasar por enfrente de la escuela, aunque sea en fin de semana o por las noches.

¿Qué fue lo que sufrió “Diego” en la escuela? Fue objeto del bullying. En la actualidad más del 5 por ciento de los niños en edad escolar sufren de lo que en nuestros días se conoce como bullying (palabra proveniente del  vocablo holandés que significa acoso). A diferencia del compañero dañista de nuestros tiempos de primaria, el fenómeno del bullying es más complejo e intervienen factores, sociales, familiares y escolares.

El bullying no es privativo de algún sector de la sociedad, es más frecuente que el agresor sea masculino, se puede presentar en todas las edades pero es más frecuente en niños mayores y adolescente. El “bully” o agresor escoge a la víctima, generalmente porque tiene una característica distintiva, es el gordito, el delgado, el moreno, el alto, el tímido o el niño nuevo que se acaba de integrar. Por lo general, no actúa solo se hace acompañar de niños que quizás sufrieron su acoso y para evitarlo se une a él. El agresor acosa a la víctima cuando está sola, en los baños, en los pasillos, en el patio. Por esta razón los maestros, la mayoría de las veces no están enterados y si viene la víctima a quejarse la maestra(o) le sugiere que ya está grande que enfrente sus propios problemas. Sin embargo, no se trata de un simple empujón o comentario, se trata de una situación que si no se detiene a tiempo puede provocar severos daños emocionales a la víctima, que han originado acciones de venganza que llegan al extremo de cobrar vidas de estudiantes dentro de las escuelas.

Los tipos de acoso son:

  1. Exclusión social: Cuando se ignora, se aísla y se excluye al otro.
  2. Verbal: Insultos y menosprecios en público para poner en evidencia al débil.
  3. Psicológico: En este caso existe una persecución, intimidación, tiranía, chantaje, manipulación y amenazas al otro.
  4. Físico: Hay golpes, empujones o se organiza una paliza al acosado.
  5. Sexual: Es cuando se presenta un asedio, inducción o abuso sexual. Este acoso no es por corto tiempo en ocasiones llega a ser por años y es común que los padres no se enteren porque la amenaza es “te va a ir peor” si lo dices.

Entre los factores generadores de acoso están los inherentes al niño y a su entorno familiar. Un niño agresivo es probable que sufra algún tipo de abuso en la escuela o en la familia, puede adquirir esta conducta cuando es frecuentemente humillado por los adultos. Se siente superior debido a que cuenta con el apoyo de otros, puede tener actitudes agresivas como una forma de expresar lo que siente ante un entorno poco afectivo, donde hay ausencia de algún padre, divorcio, violencia, abuso o humillación que recibe de hermanos mayores o de los propios padres.

Se ha observado también que niños que viven bajo presión constante para que tenga éxito en la escuela o destaque en algún deporte suelen ser acosadores. El futro para el agresor no es muy alentador, las investigaciones reflejan que la mayoría de los niños que agreden se convierten en delincuentes ya que sentir que se le dificulta la convivencia con las demás y ningún esfuerzo que haga es bueno. En lo referente a la victima este niño es evidente que cuenta con baja autoestima, puede mostrar una actitud pasiva, pérdida de interés en la escuela, trastornos emocionales, problemas psicosomáticos, depresión, ansiedad, pensamientos suicidas  etc.

¿Cómo podemos evitarlo? Empecemos en la familia procurar que nuestros hogares no se conviertan en un escenario hostil o por el contrario demasiado permisivo, tenga por seguro que esto siempre llevará a que los niños adquieran conductas agresivas, la observación para detectar inmediatamente cualquier conducta anormal en el niño, estar al pendiente de las actividades de su hijo, conocer a sus amigos, establecer límites y normas, así como el vigilar que se cumplan.

La escuela es factor fundamental en la propagación de esta conducta, es importante la supervisión de los alumnos dentro y fuera de los salones, en los patios, baños, escaleras etc. Establecer claramente las reglas de la escuela y las acciones que se tomarán en conductas como el bullying. Actuar rápido, directa y contundentemente en el caso de que se presente alguna sospecha de acoso escolar.  La escuela debe estar abierta a las quejas y sugerencias de los alumnos y padres de familia, se sugiere la colocación de un buzón. Realizar cursos o conferencias para padres y maestros donde se puedas tratar temas como el bullying. Los maestros pueden apoyarse en los alumnos para identificar casos de acoso, deben ser muy inteligentes y saber quién puede darles información valiosa.

Lo que leyeron al inicio de este artículo  es el relato de una experiencia vivida no como profesional de la psicología, sino como alguien que tiene una relación estrecha con la familia de Diego, el contarlo te entristece o te sorprende, el vivirlo te hace comprometerte con todo aquel niño que se sospeche está pasando por una experiencia similar. Padres de familia no fomenten la violencia en sus hijos estén pendientes de lo que ven en la televisión, los juegos que les compran, lo que ven en Internet, pero sobre todo dénles, comprensión, estructura, límites y mucho amor.

 

L.P.I. María del Carmen Pettet

Fundadora y directora del

Centro de Psicodiagnóstico y Apoyo Académico Kobae.

carmenpettet@hotmail.com