El síndrome del nido vacío

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En muchas ocasiones escuché hablar sobre la etapa de la familia que se le llama “El nido vacío” y lo relacionaba con el hecho de que la mamá se quedaba acostumbrada a tener a todos sus hijos en casa y se le dificultaba cambiar en cosas tan simples como hacer menos comida si ya no había quién se la comiera; sin embargo ahora que mis hijos han crecido y empiezan a formar sus propias familias puedo entender el grado de profundidad que tiene ese término.

Hablar del “nido vacío” implica que en algún momento estuvo lleno y que todo cambia en la estructura de la vida cotidiana con el hecho de que de repente tus hijos ya no están en el hogar, sin que en muchas ocasiones seamos muy conscientes de la rapidez con que se presentó ese momento. Esto produce que los padres experimenten pérdidas que los lleven a elaborar duelos.

La familia al igual que un individuo es un organismo vivo que tiene un ciclo vital y cada etapa se vive como una crisis a partir de la cual la familia puede crecer, pero también puede enfermar o bloquear el desarrollo de sus miembros. Durante el transcurso de la vida de la familia se viven cosas milagrosas como el nacimiento de los hijos, etapas en que los padres éramos lo más importante, en que jugaban a ser como nosotros, en que se rebelaron a seguir nuestros valores y nuestro ejemplo de vida hasta el momento en que la familia fue la plataforma de lanzamiento para poder ser independientes y seguir su propio camino, y aceptamos  frases como: “Abrázalos estrechamente y después déjalos ir”, “los hijos son prestados”, “ayúdalos a extender sus alas“, etc. Pero la realidad es que la partida de los hijos se junta con la crisis de envejecimiento, de soledad, de muerte, de autocuidado entre otras y es importante que en familia también, los padres puedan prepararse para la etapa siguiente.

Algunas de las cosas que pueden ayudar en esta preparación son primero, entender de esta etapa como dice Carlos Aceves: “Las pérdidas y la muerte no son un castigo, son una estación de la vida misma”.

Reconocer los sentimientos que experimentamos ante las pérdidas y hablar de ellos.

No tenemos que esperar a que llegue para prepararnos, desde que el niño entra al Kínder nos estamos despidiendo.

Es importante partir del desarrollo de una vida personal y no sólo funcional, en donde además de padres de familia somos seres humanos capaces de desarrollar una infinidad de talentos, gustos e intereses que en ocasiones habrá que postergarlos, pero no olvidarlos, para las etapas menos ocupadas.

La pareja ocupa una parte fundamental, por lo que es necesario no alejarla y disfrutarla en todas las etapas de la vida familiar.

Pero sobre todo reconocer que la etapa del “nido vacío” es ineludible, va a llegar y el cómo la gocemos o la padezcamos depende de nuestra actitud ya que de ella depende el que seamos capaces de crear un proyecto de vida que nos permita expresarnos como seres humanos únicos e irrepetibles que enfrentemos las crisis como oportunidades y las pérdidas nos sirvan como resorte de crecimiento y transformación. Si el significado de mi vida es solamente sacar a mis hijos adelante, entonces su partida significaría la pérdida del significado de mi existencia.

“Nada es más difícil que reconocer la libertad del otro, sobre todo cuando el otro es una persona que se ama y se desea, por eso amar es querer al otro en su libertad, esperando sólo la fidelidad que él se debe a sí mismo”.  Octavio Paz.

Marcela Barrón Salido

Psicóloga y Maestra en Desarrollo Humano

Se desempeña en la consulta clínica y consultoría y capacitación en Desarrollo Humano en las organizaciones

Socia de CREATO Creatividad aplicada para la transformación organizacional.

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