El valor de la mujer en la familia y la sociedad

Por: Carlos A. Barreto

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Cuando la familia no está bien integrada no es problema de un solo miembro con trastornos emocionales y/o mentales. Es frecuente que en un ambiente familiar disfuncional existan conflictos de pareja causando frecuentes discusiones como resultado de comunicaciones verbales y no verbales inadecuadas, muchas veces competitivas, despectivas, sintiéndose frustrados y desvalorizados. Cuando los mensajes negativos se repiten se forma un círculo vicioso que acaba bloqueando emocionalmente a ambos cónyuges, provocando una atmósfera perjudicial al caer en contradicciones. Éstos son problemas de comunicación difíciles de resolver porque se encierran en sí mismos en un estado lamentable de terquedad sin lograr expresar sus necesidades. La libertad de expresión no es algo que se pide al otro, es algo que se conquista sin necesidad de violentarse. Si la mujer dice: “Tienes que dejarme ser libre” se equivoca y lo mismo será para el hombre, porque esa reacción es de dependencia. Deberíamos ser libres expresando y dejando expresar al otro, poniéndose de acuerdo para tener una comunicación abierta, directa y asertiva en la que ambos cónyuges respeten las necesidades básicas del otro y también sus limitaciones, que será la solución de la mayoría de los conflictos de pareja y de la familia porque también los hijos sufren sus consecuencias.

“…Sabiendo que cuanto más segura es en el amor que une a las personas, mayor es el interés de estar en el mundo abriéndose a las nuevas experiencias estará disfrutando de la vida plena…”

La mujer tiene un desempeño fundamental en la familia, en su rol de ama de casa y de líder en el ámbito doméstico y privado, aunque ésta es su función femenina hay mujeres que trabajan fuera y son exitosas laborablemente aumentando su energía femenina con un nuevo aporte de energía masculina, que heredó del aprendizaje inconsciente introducido por el modelo paterno y fraterno fundamentalmente. Al obtener energía mixta, sin sacrificar otras aspiraciones, se enriquece y es digna de admiración por lo que dice, por lo que hace, por lo que es. El doble rol de la mujer está respaldado por un aumento en las capacidades del cerebro que le posibilitan funcionar con mayor actividad neuronal del hemisferio cerebral izquierdo, adquiriendo nuevas sinapsis que la complementan y facilitan en sus actividades.

Al asumir un rol complementario, la mujer adquiere virtudes que representan logros de sabiduría, felicidad y de amor. El amor de ella se extiende hacia los demás que agradados son felices estando a su lado en el contacto con sus virtudes. Sabiendo que cuanto más segura es en el amor que une a las personas, mayor es el interés de estar en el mundo abriéndose a las nuevas experiencias estará disfrutando de la vida plena. Es entonces cuando la mujer realizada siente que sus cualidades femeninas crecen en conocimientos, compasión, sabiduría y dedicación a la verdad. Todo lo cual le otorga el poder de estar en este mundo con verdadero sentido de existencia que la motivan a seguir adelante en su familia y sociedad estimulando su desarrollo, archivando viejas creencias, para poder conocerse mejor y crecer como persona digna. El aporte de la mujer en la familia es muy valioso, máxime cuando logra madurez y paz interior.

Mujer: Quiérete tal como eres. Como un poema escrito a dos manos, a veces relajadas y otras cansadas.

Carlos A. Barreto Rivero
Dr. en Psicología. Cínica, (UNAM)
Cbarreto82@yahoo.com.mx
Tels: 662 154 0484 – 662 214 9554