Empatía familiar basada en el amor

Por: Carlos A. Barreto Rivero

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Sabemos que la empatía es una forma de comunicación interpersonal e intrapersonal que nos conduce a pensar y sentir lo que el otro o nosotros mismos estamos pensando y sintiendo. Son momentos de contacto humano profundo más inconsciente que consciente, más emocional y sentimental que racional. Tanto en lo individual como en lo grupal o familiar se entiende que es inducido por el amor. Por lo que, en el desamor, el rechazo, la indiferencia, la discriminación y otros sentires negativos no se da la empatía. Cuando se produce es espontánea y creativa para dar ayuda, cuidar y/o proteger al otro. En el caso de la familia se establece y fortalece con los contactos amorosos entre sus miembros. El ejemplo más natural y deseado es la atención amorosa de la madre hacia su bebé, mientras que también el padre aporta con sus cuidados de protección y amor, así como se manifiestan los afectos positivos entre hermanos.

De existir un buen desarrollo de la empatía, es necesario mantenerlo con actitudes y motivaciones positivas optimistas. Por lo general la empatía la logramos por imitación, con el ejemplo de los padres de mentalidad optimista. De ellos podemos aprender en la infancia en el modo de pensar y sentir sin darnos cuenta y luego se mantiene como modelo de pensamiento optimista. En este caso eso sería la mejor forma para establecer la fortaleza de la virtud de la empatía. Esto no siempre se da en la práctica diaria, a pesar de que por natura traemos las condiciones necesarias para su desarrollarlo y ¿Por qué no se manifiesta siempre? Porque la vida y sus condicionamientos nos vuelven más pesimistas que optimistas y hasta se podría decir más “malos” que “buenos”. Lamentablemente lo bueno o ideal no se mantiene en el ser humano porque somos falibles. Amar y ser amado en la familia es un reto difícil de superar, pero no hay que darse por vencido si alguien se desmoraliza y se vuelve pesimista. La buena noticia es que el pesimismo se puede cambiar por el optimismo porque los hábitos mentales no suelen ser permanentes ya que las personas se pueden dar cuenta que no conviene ser negativos porque trae muchas dificultades y conflictos. El efecto racional podría ayudar a superar este problema.

“…En el caso de la familia se establece y fortalece con los contactos amorosos entre sus miembros…“

Cuando alguien se siente mal o fastidiado de las críticas o autocríticas de su mal comportamiento suelen poner en tela de juicio que ha estado usando pensamientos, sentimientos y acciones negativas que le han complicado la vida. Razonando sobre esto y sacando una opinión adversa sobre sí mismo puede observarse que su situación personal varía entre el bienestar y el malestar o fracaso. La posibilidad de evaluar el comportamiento inestable y frágil nos capacitaría para lograr una manera eficaz de erradicar el pesimismo disminuyendo sus consecuencias como la tristeza, la depresión o la ansiedad. Con esta estrategia racional, el pesimismo puede cambiar, hasta poder pasar gradualmente, a tener actitudes optimistas positivas.

Programa tu cerebro no sólo para sobrevivir hazlo también para pensar y recordar en positivo y dejar que tu cuerpo se llene de emoción, en paz y armonía. Y la empatía se carga con tu amor.

 

Dr. Carlos A. Barreto Rivero
Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta
Cbarreto82@yahoo.com.mx
Tels. 662 154 0484 – 662 214 9554