Hablemos del Amor y Felicidad

Por: Claudia Orduño

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Si, hablemos de amor. De ése que nos voltea de pies a cabeza, nos transforma, nos revoluciona, nos motiva, nos alimenta… de ese amor. Confieso que me hubiera encantado hablar del amor de juventud, ese enamoramiento que te revuelve el estómago y que te hace hacer ¡cada tontería!, todos tuvimos un amor así, admítelo. Pero no, ahora nos confesaremos sobre el amor más grande que vamos a conocer, y es -redoble de tambores- el amor a uno mismo. Pum! ¿no te lo esperabas verdad? Y es que, en el marco del Día del Amor y la Amistad , que, confieso que pienso que todos los días debemos amarnos, pero bueno, vamos a celebrar un día y vamos a correr con la corriente de tener un día al año especial, retomo, en el marco de este día, podemos pensar que vamos a hablar de amar a alguien o algo y creo nos olvidamos de nosotros mismos, lo más importante que tenemos en la vida. Por allá del año 2010, me encontré en una situación sentimental que me orilló a tropezar con un libro fantástico que se llama “Amor, libertad y soledad” de Osho; imagínense estar leyendo este título en la situación en la que me encontraba, era como para hacer una novela mínimo, pero ahí estaba yo, soltera, sola, y con ese libro en mis manos. Me fui al parque España en la CDMX donde vivía en aquel entonces, y lo abrí. Lo devoré, confieso que no pude parar.

Lo que encontré fue un despertar, totalmente. Todo aquello que sabía sobre la soledad y la libertad se me desmoronó por completo. En resumen, lo que plantea Osho, es que, no está mal pensar en uno mismo, no esta mal ser “egoísta” como se nos ha enseñado o inculcado. Habla de enamorarnos de nosotros mismos, de aprender a estar solos, de escucharnos, de entendernos y de saber qué es lo que buscamos para aprender a encontrarlo y que sólo entonces, enamorándonos de nosotros mismos, aprendiendo a pensar en nosotros, vamos a poder saber reconocer cuando alguien cruce nuestro camino.

“…enamorándonos de nosotros mismos, aprendiendo a pensar en nosotros, vamos a poder saber reconocer cuando alguien cruce nuestro camino…”

Que esta idea de dar todo de ti no es cien por ciento correcta. No saben cuánto me costó entender lo que este autor me quería decir (sin pesar me convertiría en fan de sus libros y eso que los libros de superación personal no son mis favoritos, conste). Al cabo de un tiempo y de haber leído otros tantos libros más de él que se convirtieron en mis compañeros y fieles amigos, encontré a un joven, y a los seis meses de conocerlo, se convirtió en mi esposo y este año cumplimos 10 años juntos.

Y puedes pensar, ¿a poco por un libro encontraste a tu esposo? No, no fue así, pero sí supe qué quería y qué no quería, por que trabajé en amarme a mi misma. Son de esas revelaciones que te hacen querer darte contra la pared y piensas “que tonta fui!!! ¿Cómo me dejé engañar antes?, o ¿como es que di tanto y no recibí nada a cambio? O, ¡mira cómo me pagaron el amor que di!” confiesa conmigo que alguna vez lo has dicho o pensado. No sabemos amarnos, no sabemos consentirnos. Déjame te cuento una anécdota. En algún momento de la vida, trabajé con una persona que de vez en vez recibía flores, hermosas flores. Todos pensábamos que se las mandaba alguien, su pareja, alguna amigo o amiga, algún familiar y un día me armé de valor y le pregunté y me contestó orgullosamente “son de mí, para mí”. Cuando la oficina se enteró, no por mí aclaro, fue la comidilla de todos. Se burlaban de ella horrible diciendo que estaba tan sola que nadie le mandaba flores y ella se las tenía que mandar sola, es más, hasta lástima le daba a algunos. Tiempo después, ya habiendo leído este libro y con más edad, comprendí el regalo que ella se estaba haciendo: le gustan las flores, no tenía por qué esperar que alguien se las mande, ella misma se las podía regalar, así sin pena, como cuando vamos por un café, o un buen manicure, son detalles de amor para nosotros. Pero parece que nos han enseñado que está mal que nos amemos. Me sentí tan feliz por ella, comprendí el gozo que esto le generaba.

Entonces, me pregunto yo ¿Por qué esperar que alguien se haga cargo de tu felicidad? Creo que en algún momento ya había hablado de esto y quiero retomarlo. Cuántas veces hemos escuchado “tú me complementas” o que tal el “tú me haces feliz”, lo escuchamos en canciones, poemas, novelas… ¡Qué romántico! ¿verdad?, ¡no! No es romántico, ¡es una carga! Imagínate darle esa responsabilidad a una persona, imagínate darle a alguien más lo más valioso que tienes que es tu estabilidad personal. Es parte de lo que plantea Osho en este libro, piensa en ti, después en ti y al final en ti. Ojo, no quiere decir que seas un egoísta que no piense en los demás, se refiere a no te olvides de tu estabilidad, de tu corazón, de tus necesidades, de tu espacio, de tu libertad, de tu tiempo, de tu felicidad, tuya. Tiempo después de casada, con los hijos, comprendo qué importante es que en su momento, hayamos mi esposo y yo aprendido a pensar en nosotros, porque nos sentimos plenos y satisfechos con nuestro espacio y nuestros tiempos y con la facultad de poder dedicar lo mejor de nosotros a nuestros tres hijos.

Mi esposo y yo comprendemos que no necesitamos estar como muéganos pegados uno al otro para ser felices, aprendimos a encontrar la felicidad personal para juntar ambas y hacerla más grande. Eso sí se leyó muy romántico y hasta cursi, ríanse conmigo. Pero es la verdad. Confieso que cuando los hijos llegan, si eres mamá o papá estarás de acuerdo conmigo, en que, todo se transforma en tu espacio y en tu tiempo. Le dedicamos nuestra vida a los hijos, les damos todo lo que somos y tenemos. Entonces, si en algún momento de la vida no pensaste en lo que a ti te hace feliz en tu soledad, en tu libertad, y si no pensaste y no reconoces el amor propio, amor por ti, entonces ¿cómo piensas dar lo mejor de ti a quienes más amas? Parece ser como complicado pero te prometo que no lo es. Entendiendo que la vida es complicada ya de por sí, trabajar en uno mismo debe ser entonces, el primer paso para lograr una felicidad plena. Amarse a uno mismo debe ser el paso consiguiente para lograr amar lo que se presente y reconocer a quien o que amar.

“La felicidad no es un estado de ánimo, es un estilo de vida”

Esas flores que se mandaba mi compañera de trabajo, representaban algo que la hacia feliz y lo hacía porque se amaba, la persona que va al gimnasio porque quiere cuidarse y come bien porque quiere tener salud, hace lo que la hace feliz y porque se ama, quien estudia y aprende porque se siente pleno y se ama y quiere nutrirse, y así muchos ejemplos más. A finales del año pasado, pensé en qué me iba a regalar para este 2020 porque, haciendo un balance de cómo terminamos el año, un hijo más, más trabajo, kilitos de más, estrés, presiones, prisas, pensé, a ver Claudia, tienes que estar bien para dar lo mejor de ti y que todo esté bien alrededor. Suena egoísta pero reconozcamos que si la mamá está bien, la casa y la familia están bien. Es un montón de responsabilidad pero así es esto, al menos en mi casa y en mi caso. Ya sabemos que cada hogar es todo un universo diferente. Entonces, me regalé un curso de cerámica, una suscripción al gimnasio, una buena dieta, un buen libro, cosas que pueden ser muy normales para algunos pero en mi caso, con la agenda que llevamos en casa y es todo un reto. Me regalé tiempo con mi esposo y un poco más de tiempo con mis hijos.

¿Qué te puedo decir sobre amarte y ser feliz? Hazle como mi compañera de trabajo, regálate flores. Regálate, invierte en ti. Aunque sea tiempo. Y no tengas culpa por ello. Tú sabes las medidas y los límites, lo que para alguien puede significar mucho para otra persona puede ser normal o poco, entonces en la medida de tus posibilidades y tu realidad, date a ti. Te digo, en mi caso son dos horas a la semana para una clase, una amiga me compartía que ella está aprendiendo alemán, otra más me decía sobre un curso de repostería, otra más que iba al cine con su mamá todas las semanas, es decir, lo que te alimente, lo que te nutra, lo que te haga feliz, a ti, sin esperanzarte en que alguien va a venir a decirte “yo me hago cargo de tu felicidad” ¡imagínate, que horror!, ahí te encargo que se le antoje mandarte a la goma y pues ¡adiós felicidad! Y así hay personas que se la pasan toda la vida dejando en manos de ve tú a saber quién su propia felicidad y la manejan a su antojo, que triste. El ejemplo educa, si tus hijos, tu familia y tu entorno ven en ti un ejemplo de lo que es el verdadero amor, y ven cómo descubres ese amor en ti verdaderamente y estás preparada para dar, entonces se aprenderá de la misma manera. En algún momento de la vida un amigo me decía “ya sé por qué tengo tantos problemas con mis parejas que he tenido, es que nunca vi amor entre mi mamá y mi papá” y es fecha que sigo pensando en esas palabras. El ejemplo arrastra, entonces, ¿qué están viendo nuestros hijos en casa sobre la manera en la que amamos?, confieso que es un tema muy largo y siento que es para otra ocasión, pero, recuerden que amar, no es sólo que vean que nos saludamos de beso o que nos decimos “te amo”, hay más manifestaciones de amor verdadero y en esas son las que debemos trabajar.

Cuando tenía mi programa de radio, siempre terminaba diciendo la siguiente frase que te quiero compartir y que ha marcado mi vida prácticamente, pero antes, permíteme confesarte que es un verdadero placer, poder compartir contigo amable lector, estos pensamientos, estas confesiones y agradezco a la vida, este espacio, ahora sí, de mí para ti: “La felicidad no es un estado de ánimo, es un estilo de vida”

¡Hasta la próxima!

Claudia Orduño
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