Libertad con límites es la mejor opción

Por: Carlos A. Barreto

0
126

En generaciones anteriores muchos padres abusaron de la imposición de límites rígidos cayendo en el autoritarismo, provocando “conflictos de autoridad” en los pequeños con reacciones defensivas emocionales de rechazo pasivo o activo. Los hijos que sufrieron frustración o impotencia actuaron en forma contraria cuando fueron padres, muchos se hicieron reacios a usar el castigo para provocar miedo, procedieron consintiéndolos demasiado y a largo plazo no sirvió para controlar comportamientos. Se dieron cuenta que había otras opciones “más sensatas” para corregir emociones. Por ejemplo, en lugar de las golpizas y regaños a fin de imponer la disciplina se ha usado, entre otras, el tiempo fuera (time out) para “calmarlos” en aislamiento. La decisión no fue la mejor opción porque al igual que antes los padres siguen haciéndolo, pero enojados, se aíslan del niño y no platican del problema para encontrar una solución compartida. Además, el uso y abuso del aislamiento se registra en el cerebro del niño como una reacción compulsiva – agresiva de los padres quitándole libertad de expresión, reprimiéndolo. Si además lo tratan con indiferencia, no lo toman en cuenta, el castigo se agrava ya que lo ignoran con el silencio. Ése es el peor mensaje de desamor.

La neurociencia dice que, mediante reacciones negativas, repetitivas, se forman conexiones neuronales en el cerebro emocional que provocan disgustos y rechazos de los niños hacia los padres. El aislamiento impide tomar decisiones empáticas con disminución de la autoestima, tanto del niño como del padre, siendo éste, entre otros, un caso de mala aplicación de la disciplina que quita libertad de acción y reacción sana porque altera el funcionamiento racional emotivo en forma negativa, con respuestas cerebrales de neurotransmisores del estrés que afectan el comportamiento y hasta puede causar depresión reactiva.

Cuando eres consciente de haber logrado una buena experiencia tus neuronas se disparan y vinculan entre sí para darte una felicidad duradera.

¿Cómo salir del círculo vicioso de la acción y reacción negativa de hijos y padres?

  1. Analizando el comportamiento del niño: conociendo sus reacciones ante los estímulos aversivos o no, para conocerlo mejor tendríamos que tener contacto verbal y no verbal directo a fin de entender sus necesidades y expectativas. Es decir, mantener conexión mutua estando cerca de él, como persona desligada de lo material.
  2. Conectarse afectivamente tocándolo, abrazándolo, apapachándolo con palabras y caricias tiernas, amorosas. Platicar con él de temas de su interés y/o enseñarle temas que no conoce y que ha sentido curiosidad por conocer, como ser sobre costumbres de otros países y de cómo son los niños de esos lugares.
  3. Enseñarles a hacer descansos en sus actividades para reflexionar sobre qué les preocupan y les interesan a fin de reducir la impulsividad y aumentar la atención concentrada, la espontaneidad y la creatividad. Por ejemplo, leyendo juntos el libro de “El Principito” para analizarlo y encontrar respuestas prácticas de la vida. Esta técnica puede ayudar para aumentar la reflexión y la capacidad de centrar la atención en su mundo interior. Ver para adentro es desarrollar destrezas calmando sus “tormentas internas”, aplacando sus impulsos. También sirve para elaborar un proceso de integración racional-emotivo mejorando su percepción y empatía, cambiando los estados internos negativos por futuros comportamientos positivos, pasando de la rigidez a un estado más armónico y flexible con afectos adecuados que expresará con inteligencia social y emocional.
  4. Los padres pueden hacer cambios para ser menos rígidos al controlar las conductas indisciplinadas de sus hijos que pueden crear incertidumbre y desesperanzas, pero si demostramos ser más flexibles en situaciones inesperadas, los ayudamos a darse cuenta que ellos también pueden tolerar la incertidumbre esperando que se mejoren las condiciones apropiadas para poder relacionarse con respeto y dignidad.

Esto nos lleva a entender que para que los niños lleguen a ser conscientes de la necesidad de hacer cambios, consiguiendo buena autoestima y estar seguros de sí mismos, necesitan saber también que pueden hacer cambios en su vida para tener buenas relaciones con los demás.