Madurez es saber escuchar con el corazón

Por: Carlos A. Barreto Rivero

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Escuchar por escuchar es suponer que todo es verdad, pero saber escuchar es profundizar la comunicación para comprender el sentido de nuestra existencia a través de nuestras relaciones con los demás y consigo mismo. Para llegar a este estado es necesario ser empático, es decir, ponerse en el lugar del otro, sinceramente, para poder entender que es lo que está sintiendo y pensando, es decir, “ponerse en sus zapatos”. En una conversación es fácil mentir con las palabras para quedar bien, pero si analizamos lo no verbal; sus gestos, sus movimientos corporales, el tono de voz, sus miradas, el modo de sentarse o de pararse y el cierre que hace de su plática, nos dirá algo más que lo verbal. Y si hacemos un análisis intuitivo de lo que sentimos ya sea por su presencia activa y/o pasiva podremos darnos cuenta de ciertas impresiones que ayudan a comprender mejor. Por ejemplo, una persona que está manifestando sus sufrimientos es probable que le dé vergüenza o pena manifestarlo, porque en nuestra sociedad se espera que todo malestar se exprese verbalmente en los términos conocidos de lo llamado “normal”. Aunque esta expresión es típica del sentido común social, pero debería ser definida y expresada como un aspecto psicológico emocional del que sufre. Todos estamos pasando por momentos difíciles que nos preocupan. Si tratamos de huir de situaciones apremiantes, igual entraremos en otras con consecuencias imprevistas porque así es la vida. Y es en estas situaciones donde tendremos que aprender lecciones específicas para saber sortear lo imprevisible contando siempre con la experiencia y sabiduría interior. Una de estas lecciones es la de aceptar que lo que está sucediendo es un encuentro con el mundo real que, en el mejor de los casos, debemos proceder con calma para poder lograr cambios efectivos y progresivos. Actuando siempre con mente positiva, confiando con esperanza que se efectuarán transiciones vivencia les que dejan atrás lo más “pesado”, para obtener bienestar emocional aumentando nuestras fortalezas para crecer y desarrollarnos en plenitud.

¨…Evitaríamos esa situación lamentable si nos uniéramos para reducir el consumismo, promoviendo nuestros propios productos para tener más tiempo libre y poder así dedicarlo a nuestra familia, amistades y comunidad con otros valores que nos da la vida…¨

Conclusiones:
Es en la edad madura cuando encontraremos el terreno fértil de la sabiduría, la compasión, el carácter firme positivo. Para llegar a este estado existencial el requisito fundamental es estar libre de ataduras, apegos o dependencias de todo tipo y forma. Lamentablemente, se ha confundido la libertad de ser con el derecho del tener y, por lo tanto, al consumismo de cualquier especie y producto que le dé bienestar. Las diferentes ideologías y/o políticas suelen indicar que consumiendo más vamos a paliar la crisis y si no lo hacemos, nos hacen sentir culpables e ignorantes porque “perdemos” la libertad de ser y de tener. Nos hacen pensar que la libertad se vincula con el derecho de comprar cualquier cosa que necesitamos para sentirnos bien, siempre que lo “decidamos”. De esta manera, seguirá creciendo la crisis que nunca se acabará. Evitaríamos esa situación lamentable si nos uniéramos para reducir el consumismo, promoviendo nuestros propios productos para tener más tiempo libre y poder así dedicarlo a nuestra familia, amistades y comunidad con otros valores que nos da la vida. Entonces pasaríamos de lo material a lo humano aumentando nuestras fortalezas en el amor compartido.

Llegar a la ancianidad no tiene que ver con la edad sino con la sabiduría interior que es lo más valioso que se ha aprendido en la vida.

Dr. Carlos A. Barreto Rivero
Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta
Cbarreto82@yahoo.com.mx
Tels. 662 154 0484 – 662 214 9554