Y en tu casa, ¿Quién trabaja?

Por: Claudia Orduño

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Confieso que cuando pensé en este tema, me sentí sumamente identificada y pensé en ti que me estás leyendo. ¿La razón? Poder compartirte mi idea de “trabajo” y lo injusto que en ocasiones puede sonar el decir “tú no trabajas”. Elaboraré la idea. Cuando comencé a escribir “Confesiones de una Mamá Moderna” me permití entrevistar a mujeres a mi alrededor. Las jóvenes, las amigas, las familiares, las abuelas etcétera, y de pronto me percaté que cuando llegábamos al tema del trabajo, de la aportación en casa, del desarrollo de la mujer dentro del matrimonio entre otros, había una cantidad exorbitante de opiniones. Fíjate, podríamos hablar de trabajo fuera de casa, trabajo fuera de la ciudad, trabajo dentro de casa, trabajo dentro y fuera de casa, trabajo libre, trabajo con contrato, trabajo comunitario pero la mayoría de los comentarios, ideas y opiniones rondaban el tema de “te pagan o no te pagan” y es que cuando una pareja está iniciando su matrimonio o su familia en la actualidad es indispensable que no se hable de esto que pudiera ser escabroso pero en realidad no lo es. No es algo nuevo, la inquietud de ser un agente activo en el matrimonio y “aportar” al hogar dejó de ser inquietud por convertirse en una necesidad, y digo necesidad porque la situación actual económicamente hablando bien que la conocemos, y como diría mi mamá “entre dos se abarca y se avanza más”.

«…Tema que no se hable antes del matrimonio tema que surgirá con mayor potencia una vez casados. No tengas miedo a abordarlo, mejor antes o durante que después y que sea demasiado tarde…»

Pero qué pasa cuando el trabajo que realizas es fuera de casa, qué pasa con las comidas en pareja (cuando recién casados, ¡imagínate!) me dice una amiga “pues me casé, pero ni nos vemos… cada quién come en su trabajo, llegamos a la casa y a dormir, apenas el fin de semana”, su mortificación es cuando lleguen los hijos, sabe bien que la dinámica deberá ser distinta. Trabajar fuera de casa, los dos, implica acuerdos y también imperiosamente implica comunicación. Sí, sentarse y poner sobre la mesa lo que puede darnos un poco de miedo, es normal, y hacer un checklist de los temas que deben considerar porque déjame te digo algo, un matrimonio, una familia y dos ingresos implica que exista una distribución de los ingresos a menos que exista un acuerdo de “tu salario es tuyo” en el que créanme, esa frase no se puede considerar tan común, repito, entre dos se logra llegar más lejos. Trabajar los dos pues en resumidas cuentas es tener la madurez de hablar y decir que paga cada quien, así, al grano. Si te vas a casar y toda tu vida has trabajado y ejerces como profesionista, y piensas no dejar de trabajar es un tema que sí o sí deben tratar. Ahora bien, si la idea es que al formar familia uno de ustedes se quede en casa insisto, sí o sí lo deben tratar. Tema que no se hable antes del matrimonio tema que surgirá con mayor potencia una vez casados. No tengas miedo a abordarlo, mejor antes o durante que después y que sea demasiado tarde. Quiero pensar que no estamos en la época en la que se nos “prohíba” trabajar, digo, como feminista que soy quiero pensar que ya no existen esas posibilidades, pero en caso de que existiesen, vuelvo a insistir, hablando se entiende la gente.

“…Para que yo pueda salir a ejercer mi profesión y aportar económicamente en mi casa … existe una persona en mi casa que NO me ayuda, trabaja en mi casa, no es ayudar, es trabajar…”

Ahora, llegó el momento de hablar de ese trabajo que no se paga. Ajá, me refiero a ser “ama de casa”, ese trabajo que de pronto es ninguneado, que incluso no es valorado y que, les juro, me ha tocado que hasta pena les ha dado compartir, sí, ese clásico “no trabajo, soy ama de casa”, ¡hellooooooo! Dirían por ahí, ¿cómo que no trabajas? Permíteme decirte que, es el trabajo más complicado de la vida, y te lo digo yo que trabajo fuera de casa y luego llego a hacer trabajo en el hogar y créeme que extraño mi oficina. Es decir, las “labores domésticas” tienen su chiste, y permíteme decirte que luego no se toman en cuenta, luego les da a algunos hombres (y mujeres también no voy a generalizar) decir que no tiene chiste barrer y trapear. Vamos, no es denigrante el quehacer del hogar, las labores de limpieza, comida, lavandería y etcétera, perdonen que se los ponga en el panorama pero la casa no se atiende sola y no es para nada denigrante ni debe dar vergüenza el llevar la administración del hogar. Y quizá es tema para otra intervención pero, en mi caso por ejemplo y quizá tú te identifiques conmigo, para que yo pueda salir a ejercer mi profesión y aportar económicamente en mi casa y cumplir mis metas y hacer realidad mis sueños (sí se escuchó romántico, ya sé, ya sé pero sé también que sabes a qué me refiero) existe una persona en mi casa que NO me ayuda, trabaja en mi casa, no es ayudar, es trabajar. Entonces, si yo le pago a una persona porque se quede en mi casa a hacer esos quehaceres, ¿Por qué entonces se menosprecia el trabajo que hace una mujer en el matrimonio cuando “se queda en casa”? ¿Te hace “click” la idea? Bueno, bueno, no quiero extenderme en esto, estoy súper segura que te estás identificando en estos momentos.

Quise poner los dos panoramas el de ejercer profesionalmente o el de ser administradora del hogar (me gusta más que ama de casa la verdad) porque al final del día, cuando escuchas “¿y tú trabajas o nomas él?” la respuesta que he escuchado es “no, yo soy ama de casa”, a ver, pongámonos de acuerdo, la respuesta correcta debe ser “sí, ambos trabajamos” porque permíteme que te diga que al estar tú a cargo de tu casa y no pagarle a alguien más para que esté a cargo de la misma, es aporte al hogar también y si te “quedas en casa” y tienes quien trabaje contigo, créeme, tampoco es denigrante, en estos días las ocupaciones y deberes son tantos que cero tiene que implicar  pena o culpabilidad.

Y hablando de culpabilidad, sí se llega a presentar cuando llegan los hijos y debes “dejarlos” al cuidado de alguien más o en guardería, la suegra, tu mamá, la nana etcétera, elimínala pensando en lo mucho que aportas en ejemplo para ellos. Tengo un bebé de 5 meses y juro que me sentía la peor mamá del mundo cuando tuve que regresar a mi trabajo. Los otros dos críos estuvieron conmigo siempre, trabajaba desde casa, siempre tuve quien estuviera trabajando en mi casa conmigo pero yo estaba ahí, ahí estaba mi oficina, y ahora que tengo un trabajo fuera de casa, he de confesar que me sentía la peor, ¡la peor dije! Luego, no hace mucho, leí un post que decía “no te sientas culpable por dejar a tus hijos e ir a trabajar, les estás dando un gran ejemplo”. Lo analicé tanto, lo compartí, lo comenté, lo debatí y llegué a la conclusión siguiente: (Aclaro garganta como si fuese yo a dar un discurso),

“…nadie tiene derecho a decirte qué está bien y qué está mal dentro de tu hogar…”

Existen mamás que no tenemos de otra más que contribuir, y no con pena ni con prejuicios sino con amor y causa, con entrega y convicción. Existen matrimonios en donde el acuerdo es que uno solo sea el proveedor y también está bien. Existen familias que no están juntas y poco se ven por trabajo y también está bien, existen familias que han pasado por un divorcio y trabajan ambos y sacan la casta por sus hijos para llevarlos y traerlos a sus labores escolares y clases extras y un sinfín de etcéteras y está bien. Existen mamás y papás solteros que, como malabaristas, logran equilibrar trabajo, profesión, hijos y alaaaaaaargar el dinero y contar con sus ángeles de la guarda que les ayudan con los críos y también está bien. Existen las familias de emprendedores donde todos en ocasiones están involucrados, las madres jefas de familia, los padres que atienden el negocio familiar, que lo ven crecer y hasta se hereda la pasión por el mismo. ¿Y saben qué? También esta bien.

“…hay que confesar que para casarse debes tener los ojos bien abiertos, que no vendan mentiras, que no se vendan ideas falsas, que todos los temas se aborden a la perfección. Es un acto de valentía ir con conciencia plena de lo que significa formar una familia…”

Hay que confesar que para casarse debes tener los ojos bien abiertos, que no vendan mentiras, que no se vendan ideas falsas, que todos los temas se aborden a la perfección. Es un acto de valentía ir con conciencia plena de lo que significa formar una familia. Y digo de valentía porque nos convertimos en superhéroes que todo lo podemos lograr si nos lo proponemos. El mejor consejo que me pudieron dar el día que me casé fue “comunicación y tolerancia” (obvio yo pensé “tolerancia que amplio el término” pero luego con los años comprendí). Se trata de un juego de dos, casa-dos, nomás de dos, dos personas que se sientan a la mesa a poner las reglas del juego. Sí, desde quién paga la luz, hasta cuándo y con cuánto se cuenta para ir de vacaciones. El término familia ya sabemos que es amplio estos días y no solamente infiere a vivir en pareja e hijos, si tu familia está compuesta por un solo tutor e hijos, también es importante sentarse a la mesa y dialogar con quienes seguirán nuestro ejemplo para que las reglas del hogar incluyan su opinión y su comprensión.

Confieso que es un tema que me apasiona, me encanta entender que hay un universo de situaciones y de realidades  y que convivimos con ellas día a día y que debemos respetarlas y comprenderlas. En mi trabajo, lo que he podido compartir y escuchar me asombra y me enseña. Muchísimas historias y casi todas concluyen en que es difícil cuando ambos padres salen a trabajar, es difícil que se  comprendan las ausencias pero es sumamente satisfactorio el ejemplo con el que se educa a los hijos. Al final del día, tú, que me lees, que estás próxima a casarte o tú que ya tienes una familia, piensa que quienes van a recibir el fruto de las decisiones que tomen serán sus críos. Y de no tenerlos, entonces ustedes tienen la responsabilidad de comunicarse, compartirse y disfrutar de sus decisiones, que, en esta vida, en resumidas cuentas, de alguna u otra forma, todos trabajamos.

Claudia Orduño
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