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Los niños son curiosos por naturaleza

Por: María del Mar Azpe Soto

Los niños son curiosos por naturaleza, lo observan todo y se asombran con cada detalle.
Muchas veces los adultos perdemos la capacidad de asombro por lo que nos rodea. A veces tendemos a no valorar los pequeños detalles y cosas que tenemos, a no sorprendernos por el cielo, la luna, el mar y toda la naturaleza. Pero lo más importante, nos falta valorar más los momentos que pasamos con nuestros seres queridos.


En este escrito me encantaría explicar la observación en un público especial, los niños:
Cuanto más observas a los niños y compartes momentos con ellos, más inspiran tus acciones, más aportan creatividad, tranquilidad y alegría a tu vida. 

“… Cuando conoces a tus hijos y los aceptas como son, los escuchas, convives con ellos, los ayudas a que comiencen a entender sus emociones y aprender a expresarse con naturalidad evitas que se sientan solos y ayudas a que tengan socialización …”


Convivir con un niño ayudándolo a cuestionarse lo que tiene alrededor y motivarlo a expresar sus emociones es un arma de doble filo porque no sólo es beneficioso para su crecimiento como persona, sino que también lo ayuda a tener habilidades que trascienden en el futuro, algunas de ellas son:

  • Los niños entienden más sus emociones: la tarea en el adulto es poder observar a un niño, convivir, generar cuestionamientos de lo que ve, y responder correctamente a sus preguntas. Esto ayuda a que el niño se conozca mejor y entienda cómo se siente en determinadas situaciones y a nombrar cada emoción cuando las experimenta, evitando así la represión de lo que siente.
  • Escucharles: a medida que empiezan a ser capaces de expresar todo lo que sienten, empiezan a darte muchas señales de lo que pueden llegar a conseguir. Hay que aprender a descifrar todo lo que no expresan para saber explotar las habilidades y poco a poco ir perfeccionandoles.
  • Aprender a comunicarse: cuando empiezan a escuchar cada respuesta que les das, empiezan a tener un vínculo entendiendo como se siente el otro y aprenden a saber lo que les gusta y lo que no les gusta, por lo que empiezan a aprender a expresarlo con palabras.

Cuando conoces a tus hijos y los aceptas como son, los escuchas, convives con ellos, los ayudas a que comiencen a entender sus emociones y aprender a expresarse con naturalidad evitas que se sientan solos y ayudas a que tengan socialización.


Muchas veces los adultos no se dan cuenta de lo que siente un niño porque están muy ocupados todos los días trabajando y viendo lo que necesitan en cosas materiales o necesidades básicas como comida, ropa o salud. Sin embargo, debemos prestar atención a su salud emocional. Por ello, debemos ser muy perceptivos y tener un ojo biónico para captar cuando un niño no expresa sus sentimientos. Muchas veces el niño puede tener emociones reprimidas por lo que puede empezar a tener evasión o desinterés por la convivencia con los demás.

“… Los niños necesitan el refuerzo de su autoestima por lo que hay que animarles en la adquisición de nuevas habilidades. Que no vivan en su propio mundo, sino que, por el contrario, saquen a relucir toda su creatividad: que aprendan, conozcan todo lo que hay en el mundo, experimenten cosas nuevas y entiendan que son sus propios dueños, y con ello, emprendan un viaje constante de felicidad; que sientan amor y paz consigo mismos, para que con ello también puedan transmitirlo a los demás …”


Debemos desarrollar la capacidad del niño para asombrarse de las pequeñas cosas de la naturaleza, enseñarle a cuidar las cosas materiales por el valor que tienen, a agradecer lo que cada persona hace por ellos. Pero, sobre todo, ayudarles a expresar todo lo que sienten tanto emociones positivas y negativas. Las emociones deben ser canalizadas hacia todas aquellas habilidades que quieran alcanzar para así convertirse en personas excepcionales. Las emociones negativas deben darles herramientas para conocerse mejor, enseñarles a que aprendan a equivocarse y perfeccionarse como personas.


No debemos olvidar que el equilibrio de las emociones negativas y positivas es necesario ya que hay estudios psicológicos como el de Kashdan y Biswas-Diener que dicen que este ayuda a contribuir a conseguir el equilibrio mental.


Seamos adultos que transmiten a los menores herramientas sobre la capacidad de asombro y de valorar cada detalle y cada ser querido. Los niños necesitan el refuerzo de su autoestima por lo que hay que animarles en la adquisición de nuevas habilidades. Que no vivan en su propio mundo, sino que, por el contrario, saquen a relucir toda su creatividad: que aprendan, conozcan todo lo que hay en el mundo, experimenten cosas nuevas y entiendan que son sus propios dueños, y con ello, emprendan un viaje constante de felicidad; que sientan amor y paz consigo mismos, para que con ello también puedan transmitirlo a los demás.




Lic. María del Mar Azpe Soto
Psicopedagoga Universidad Panamericana
marimarazpe@gmail.com

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