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Lo que no se dice también educa

Por: María José Robledo Robles

Un clóset enorme, lleno de vestidos, bufandas, pantalones, camisas y, lo mejor de todo, zapatos. Muchas niñas tuvimos una etapa en la que nos encantaba probarnos la ropa de nuestra mamá, modelar por el pasillo con vestidos y tacones enormes, y jugar a que éramos princesas, abogadas o maestras. Para los niños, puedo imaginar que era jugar a ser superhéroes.

Nuestras mamás, abuelas o papás se sentaban a vernos jugar. Teníamos tantas ganas de crecer, de ser grandes, de ser como ellos. Los veíamos arreglarse para salir, ver a sus amigos, manejar para llevarnos a la escuela. Siendo honesta, yo creía que mi papá me llevaba a la escuela y luego podía dormirse todo el día; lo envidiaba mucho. Hoy entiendo que, incluso en esos momentos cotidianos, ya estábamos aprendiendo más de lo que creíamos.

“… Incluso en esos momentos cotidianos, ya estábamos aprendiendo más de lo que creíamos …”

¿Se han preguntado alguna vez qué es lo que conscientemente aprendimos de nuestros papás? Algunos vemos a nuestra mamá o a nuestro papá trabajar todo el día; nos demuestran resiliencia y dedicación, cosas que fácilmente aprendemos y admiramos. Tal vez también los viste cocinar con paciencia y pasión. Sin decir una sola palabra, nos enseñaron compromiso, esfuerzo y amor por lo que se hace.

“… Algunos vemos a nuestra mamá o a nuestro papá trabajar todo el día; nos demuestran resiliencia y dedicación, cosas que fácilmente aprendemos y admiramos …”

Y entonces surge una pregunta importante, especialmente en un mes donde celebramos el amor y la amistad: ¿el amor también se aprende?

El amor no siempre se explica, muchas veces se observa. Modelar por el pasillo durante horas mientras tu familia te mira con atención también es amor. Ahí aprendemos que estar presentes es un acto de amor, que mostrar interés es una forma de cuidar al otro. Nadie nos lo dijo directamente, pero lo entendimos.

Con el tiempo, llevamos esas enseñanzas a nuestras propias relaciones. Si mi mejor amiga me invita a una carrera de atletismo, me quedo horas para verla correr, porque la amo, y para mí ese acto lo demuestra. Cuando alguien trabaja largas horas para sostener a su familia, ahí hay amor. Y de ahí aprendemos que, en un proyecto escolar, universitario o laboral, ayudar a los demás y cuidar al equipo también es una forma de querer.

“… El amor se hereda en gestos, en presencias, en silencios llenos de significado …”

Incluso cuando alguien cocina tu comida favorita con dedicación, ahí hay amor. Tal vez hoy tú cocinas para tu mejor amiga, tu familia o tu pareja, porque así aprendiste a demostrar cariño. No porque alguien te lo enseñara con palabras, sino porque lo viste, lo viviste y lo sentiste.

Porque al final, lo que no se dice también educa. El amor se hereda en gestos, en presencias, en silencios llenos de significado. Y quizá esa sea una de las enseñanzas más valiosas que aprendemos en familia.

¿Y tú, qué opinas?



María José Robledo Robles
Estudiante de Psicología
INSTAGRAM: majorobledo8

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