Febrero suele vestirse de corazones, flores y promesas de amor. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar qué tipo de amor estamos celebrando. Tal vez una de las mayores confusiones que tenemos es no distinguir con claridad esa línea tan delgada entre amar y poseer, entre elegir al otro y querer controlarlo.
Cuando amamos, el corazón desea ser recibido. Anhela sentirse amado de vuelta, cuidado, respetado, sostenido. Entonces, casi sin darnos cuenta, se activa un sistema de alerta interior que busca pruebas constantes de ese amor: señales de reciprocidad, gestos que confirmen que nuestras vulnerabilidades estarán a salvo en manos del otro.
La angustia aparece porque, en el fondo, sabemos una verdad difícil de aceptar: la otra persona es libre. Libre para elegir cómo amar, cuánto amar, si quedarse o irse, si cuidar o descuidar, si amar con madurez o desde sus propias carencias. A esta incertidumbre se suman nuestras historias pasadas: amores no correspondidos, relaciones donde dimos más de lo que recibimos, vínculos donde el compromiso no fue valorado o la madurez no alcanzó.
Y entonces surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿sabemos respetar la libertad del otro o intentamos controlar para sentirnos seguros?
“ ¿sabemos respetar la libertad del otro o intentamos controlar para sentirnos seguros? ”
Después de un desamor, el corazón queda herido. Y duele tanto porque el dolor no solo rompe el vínculo, sino que toca una duda profunda sobre nuestro valor personal: “¿por qué no fui suficiente?”. Un corazón roto necesita tiempo y cuidado para sanar, pero muchas veces el mecanismo de defensa que encontramos es levantar muros: dejar de confiar, no entregarnos del todo, mantener distancia para no volver a sufrir.
Eso cuesta. Muchísimo. Porque el miedo nos lleva a buscar señales de peligro por todas partes, las famosas “banderas rojas”, intentando evitar cualquier riesgo. El problema es que así se vuelve casi imposible amar de verdad. Nadie es perfecto. Es en la relación donde uno se descubre, se confronta, crece y se transforma. Queremos encontrar el amor sin relacionarnos con el amor.
Amar implica libertad. Y quizá la reciprocidad no siempre ocurre al mismo tiempo ni de la misma manera. Cada persona ama desde su ritmo, su historia y su capacidad. El amor es un baile: dar, recibir, observar, construir… con el riesgo de descubrir que al otro le falta madurez, voluntad u honestidad. Y eso, tarde o temprano, se nota.
Muchas veces nos quedamos en relaciones que nos lastiman creyendo que lo que hacemos hará que el otro cambie o se quede. Convertimos la esperanza en tarea, cuando en realidad esa responsabilidad está del otro lado. Amar también es observar cómo ama el otro y decidir.
“ Amor es libertad. El otro decide cómo, cuándo, dónde y a quién amar… igual que tú ”
Amor es libertad. El otro decide cómo, cuándo, dónde y a quién amar… igual que tú. Y cuando se alcanza un amor más maduro, uno aprende a desear genuinamente el bien del otro, incluso cuando eso implica soltar. Con dolor, sí, pero sin rencor. Porque dejar ir lo que no nos hace bien también es un acto profundo de amor propio.
Hay corazones que no saben bien cómo darse, pero mueren de ganas de ser recibidos. Y todas las personas que llegan a nuestra vida vienen a mostrarnos algo. Cuando sabes que eres suficiente, puedes entregarte sin miedo, porque si das amor y no te valoran, tu valor no disminuye. Como un billete de cien pesos: no importa en qué lo gaste quien lo recibe, sigue valiendo lo mismo.
“ Amar libremente también es liberarte de tus propios miedos, de tus apegos, de hábitos que te encadenan. Es amar sin barreras, sabiendo que eres resiliente, que eliges conscientemente y que cada decisión fue tuya ”
Amar libremente también es liberarte de tus propios miedos, de tus apegos, de hábitos que te encadenan. Es amar sin barreras, sabiendo que eres resiliente, que eliges conscientemente y que cada decisión fue tuya.
No somos perfectos. Somos un hermoso todavía en construcción.
Ana Tamara Robles Pliego
Lic. en Ciencias para la familia. Familiologa / Especialista en agilidad emocional y hábitos.
INSTAGRAM: tamararoblesp



