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La herida materna

Por: Ana Tamara Robles Pliego

Se acerca el 10 de mayo y muchas mujeres que hoy somos mamás, nacidas entre los ochentas y los noventas, nos encontramos en un despertar doloroso, porque también estamos lidiando con muchas cosas para romper patrones, para liberar a nuestros hijos de cosas que no nos gustaron de nuestra educación, de heridas que tenemos en el alma: abandono, injusticia, rechazo o comparación, ocasionadas muchas veces por nuestros primeros cuidadores.

Pero hoy quiero hablar de la mamá, porque nosotras, las mujeres, podemos llegar a tener un dolor arraigado en el corazón que necesitamos aprender a sanar sin la necesidad de que nuestra mamá nos pida perdón.

A veces queremos que nuestra mamá nos pida perdón, pero todavía más importante es que nuestro corazón esté preparado para recibirlo. No se trata de justificar las acciones de nuestras mamás, sino de encontrar el poder que tenemos de elegir qué hacemos con lo que aprendimos. Nosotras podemos elegir a la persona en la que nos convertimos una vez que hacemos consciente aquello que nos causó dolor.

“… Comprender no es justificar, agradecer no es negar, perdonar no es decir que no dolió; es dejar de cargar una herida como si tuviera que definir toda nuestra vida …»

De nada vale solo encontrar la causa, juzgarla y victimizarse. Encontrar la causa es saber de dónde partir, no desde dónde estoy limitada. Comprender no es justificar, agradecer no es negar, perdonar no es decir que no dolió; es dejar de cargar una herida como si tuviera que definir toda nuestra vida.

Ahora nosotras que somos mamás también tenemos el impulso, y un poco la obligación, de transformar la forma en cómo se vive, porque podemos pensar, porque podemos tomar decisiones distintas, porque observamos quizá el matrimonio que llevaban nuestras mamás, su sufrimiento, las cosas que aguantaron, sus reglas, sus leyes, las cosas que normalizaron.

“… Tenemos la oportunidad de decir: yo voy a elegir algo distinto, algo mejor. Tengo capacidad de soñar, de anhelar, para que mis hijos también tengan una manera más libre de ver las cosas …”

Y gracias a que ellas, o las circunstancias de la vida, nos dieron algo más, tenemos una nueva perspectiva. Y eso es un regalo. Con esa nueva perspectiva tenemos la oportunidad de decir: yo voy a elegir algo distinto, algo mejor. Tengo capacidad de soñar, de anhelar, para que mis hijos también tengan una manera más libre de ver las cosas.

A veces solo nos quedamos en el dolor. Nos quedamos en la herida, en el error, en esa vez que me dejaron abandonada, en esa vez que me compararon, en las mil veces que me han juzgado, en que a mí no me quisieron como a mis hermanos, en que esperaban demasiado de mí, en que soy la persona que se encarga de todo.

Cada quien trae sus propios roles, sus propios modos heredados de nuestras madres. Algunos tienen madres narcisistas, otros no. Sin embargo, centrarnos nada más en eso nos quita la libertad de darnos cuenta de los regalos de las mismas circunstancias.

El otro día me decía una mamá que le desesperaba ver cómo su mamá era infeliz y le daba mucho coraje, porque ella pensaba que era una mujer inteligente y no entendía por qué se mantenía en una vida que no era feliz. Yo le preguntaba si podía observar que el hecho de que ella se diera cuenta de que su mamá tenía oportunidad de elegir algo distinto, era porque su mamá, de alguna manera, le hizo creer eso.

“… Aunque su mamá no haya podido dar ese paso, ella como hija tiene una libertad, y el hecho de que hoy pueda cuestionar también habla de un criterio más amplio que no apareció de la nada …”

Es decir, que aunque su mamá no haya podido dar ese paso, ella como hija tiene una libertad, y el hecho de que hoy pueda cuestionar también habla de un criterio más amplio que no apareció de la nada.

A veces, cuando el dolor ya pudo ser nombrado, una parte importante de sanar también puede tener que ver con la gratitud. No desde un lavado de cerebro, sino desde una auténtica gratitud: poder reconocer que eres una persona maravillosa, una persona que se esfuerza, una persona que claro que tiene traumas, que claro que tiene batallas y que está luchando por no engancharse con cualquier cosa, por no revivir todo el tiempo sus heridas con sus hijos, por tener más tiempo y ganas de jugar con ellos.

“… Eres una mujer con toda la potencia de convertirse en su mejor versión, y eso también viene de una generación anterior, de un corazón que de alguna manera te enseñó que merecías más …”

No importa si a veces no sabes si eres controladora o no controladora, si no sabes si lo estás haciendo bien o mal. El hecho es que eres una mujer con toda la potencia de convertirse en su mejor versión, y eso también viene de una generación anterior, de un corazón que de alguna manera te enseñó que merecías más.

Darle permiso a tu mamá de no ser perfecta, de haberse equivocado, de no saber por dónde iba, también te da permiso a ti de ser una mamá que se puede equivocar y se levanta. Una mamá que no educa pensando en no traumar a sus hijos, sino en ofrecerles lo mejor que tiene.

“… Levantarte agradeciendo que hoy puedes darte cuenta de que existes y que puedes elegir cómo lo vas a hacer, porque recuerda que todos somos un todavía …”

Ojalá puedas festejar el ser mamá, incluso desde el cansancio de encargarte de todo este 10 de mayo. Ojalá puedas levantarte agradeciendo que hoy puedes darte cuenta de que existes y que puedes elegir cómo lo vas a hacer, porque recuerda que todos somos un todavía.


Ana Tamara Robles Pliego
Lic. en Ciencias para la familia. Familiologa / Especialista en agilidad emocional y hábitos.
INSTAGRAM: tamararoblesp 

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