sábado, agosto 29, 2026
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¿Qué es el apego?

Por: Diana Spíndola Yáñez | Diana Becerril Spíndola

Se entiende como apego al tipo de lazo emocional y afectivo que surge entre dos personas y que genera la voluntad de permanecer en la cercanía o en contacto con el otro, con preferencia por lo general por la cercanía física. Este concepto es fundamental en las relaciones cercanas y la capacidad para sentirlo está presente durante toda la vida.

Es posible sentir apego por todo tipo de personas y seres, incluyendo mascotas, o incluso a objetos inanimados. No es algo específicamente humano, ya que pueden observarse manifestaciones de apego en una gran cantidad de animales.

“… Lazo emocional y afectivo que surge entre dos personas y que genera la voluntad de permanecer en la cercanía o en contacto con el otro …”

Este fenómeno ha sido estudiado por una gran cantidad de investigadores. Entre ellas destaca la figura de John Bowlby, creador de la teoría del apego. Otra gran figura del estudio del apego fue Mary Ainsworth, la cual investigó y realizó diversos experimentos que de hecho condujeron a la generación de una clasificación entre diferentes tipos de apego en la infancia.

Estos tipos de apego se dividen principalmente en un único tipo de apego seguro (siendo este el tipo de apego mayoritario) y tres modalidades de apego inseguro.

  1. Apego seguro
    Es el tipo de apego más habitual en la infancia, hace referencia a la existencia de un tipo de vinculación en la cual la presencia de la figura relevante permite una exploración del entorno relativamente tranquila, empleándola como un mecanismo o base segura a la cual volver en momentos de malestar o miedo. Dicha búsqueda se volverá activa de manera necesaria.

    La ausencia o marcha de la figura de apego genera malestar y angustia, disminuyendo su actividad y manifestando preocupación, y su vuelta es siempre o casi siempre bien recibida. Esta búsqueda se deriva del conocimiento de que la figura de apego responderá a las propias necesidades en caso de necesidad.

    “… La ausencia o marcha de la figura de apego genera malestar y angustia, disminuyendo su actividad y manifestando preocupación, y su vuelta es siempre o casi siempre bien recibida …”
  2. Apego ambivalente
    Un tipo de apego diferente del anterior, que entraría dentro de los tipos de apego inseguro, es el ambivalente o resistente. Este tipo de apego parte de la existencia de dudas con respecto a si la figura de apego va a responder verdaderamente a sus necesidades, no estando seguros de poder contar con su presencia.

    Ello puede deberse a un contacto inconsistente en que las necesidades del niño a veces son atendidas correctamente y en otras o no son atendidas o bien no son bien entendidas, no sabiendo el pequeño qué puede esperar.

    Los niños con este tipo de apego suelen mantenerse cerca de la madre o figura de apego en todo momento, en parte debido a la inseguridad, y su marcha genera un sufrimiento extremo. Pese a ello, la vuelta de esta no implica un acercamiento rápido y feliz sino un cierto rechazo y rencor ante lo que podrían llegar a considerar un abandono, aunque tienden a acercarse y buscar el contacto.
    “… A veces son atendidas correctamente y en otras o no son atendidas o bien no son bien entendidas, no sabiendo el pequeño qué puede esperar …”
  3. Apego evitativo
    En este tipo de apego, también inseguro, podemos observar como el sujeto tiende a no buscar seguridad y protección en la figura de apego. Cuando se va no suelen mostrar grandes niveles de sufrimiento o miedo y su retorno no resulta especialmente celebrado, existiendo cierto nivel de indiferencia o evitación del contacto con ella.

    El motivo de ello puede estar en que la figura de apego puede haberse considerado lenta o poco sensible a las necesidades del menor, especialmente en lo que se refiere a afecto y protección. Pueden sentirse no apoyados o que sus necesidades son rechazadas, lo que puede conducir a la evitación como manera de defenderse del malestar asociado a la sensación de abandono.
    “… Pueden sentirse no apoyados o que sus necesidades son rechazadas, lo que puede conducir a la evitación como manera de defenderse del malestar asociado a la sensación de abandono …”
  4. Apego desorganizado

    Un tipo de apego mucho menos frecuente que ninguno de los anteriores, el apego desorganizado correspondería a una mezcla de los dos anteriores tipos de apego inseguro. Generalmente se suele observar en entornos en que las figuras de apego son a la vez positivas y negativas, fuente tanto de satisfacción como de daño. Es más habitual en situaciones de maltrato y violencia intrafamiliar.

    Las conductas mostradas son inconsistentes: por un lado, la ausencia de la figura de apego resulta intranquilizadora, pero a su vez puede relajarse debido a ello. Asimismo, su regreso puede ser recibido con miedo o con alegría, pero sin buscar la cercanía. Pueden buscar una evitación activa del contacto, o ir manifestando patrones extraños o cambiantes dependiendo de la situación.
    “… La ausencia de la figura de apego resulta intranquilizadora, pero a su vez puede relajarse debido a ello. Asimismo, su regreso puede ser recibido con miedo o con alegría, pero sin buscar la cercanía …”


Los estilos de apego en la adultez
Los anteriores tipos de apego están principalmente centrados en los que surgen a lo largo de la primera infancia, en interacción con la madre. Pero estos tipos de apego no se quedan igual, sino que a medida que el niño va creciendo y volviéndose un adulto el tipo de apego va generando un estilo de pensamiento y de relación interpersonal más o menos habitual.
En este sentido, podemos encontrar hasta tres grandes tipos de apego en adultos, según la investigación llevada a cabo por Hazan y Shaver.

  1. Apego seguro adulto
    Alrededor de la mitad de la población tiene este tipo de apego, en el que por lo general no existe una preocupación frecuente por el abandono del entorno o por el excesivo compromiso.

    En la interacción con los demás prevalece la comodidad, la tranquilidad y la confianza, siendo capaz de tener interacciones equivalentes con sus iguales y con otras figuras de apego. Se consideran merecedores de afecto y tienden a la calidez y estabilidad. La autoestima es buena, tienen independencia y buscan relaciones positivas.
    “… Prevalece la comodidad, la tranquilidad y la confianza, siendo capaz de tener interacciones equivalentes con sus iguales y con otras figuras de apego …”
  2. Apego evitativo adulto
    Una persona con apego evitativo va a tender de adulto a tener dificultades a la hora de confiar en los demás y a sentirse incómodo en relaciones íntimas. Generalmente los contactos suelen ser más superficiales, pudiendo existir incomodidad y dificultades a la hora de expresar aspectos profundos a los demás. Suelen ser menos sociables, aunque ello no implica que no puedan disfrutar de las relaciones. Pueden ser autor represivos, huidizos y aparentar frialdad.
  3. Apego ambivalente adulto
    El apego ambivalente se muestra en la adultez como una manera de relacionarse en la que se puede pensar que se es menos valorado de lo merecido. Las propias identidad y autoconcepto pueden estar dañadas, existiendo inseguridad con respecto a querer/no querer o ser/no ser querido. Se desea una relación íntima y profunda, pero ello puede generar a su vez una cierta reticencia y miedo. No es infrecuente que este apego genere situaciones de dependencia o codependencia, así como miedo al abandono.
    “… Una manera de relacionarse en la que se puede pensar que se es menos valorado de lo merecido …”



Psic. Diana Spíndola Yáñez
Psic. Diana Becerril Spíndola
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