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El estrés… ¿Realmente me afecta?

Por: Carlos Bernardo Prado Rivera

Hace unos días estaba platicando con una joven estudiante de preparatoria de unos 17 años que aparentemente se veía cansada, empezando por sus ojos a medio cerrar, su rostro tenso o muy expresivo a pesar de que se le dificulta sonreír por el nivel de agotamiento que estaba experimentando. Entre lo que ella me platicaba es que estudia y trabaja, empezando su día a las seis de la mañana y terminando el día a la una de la mañana del día siguiente. Podríamos entender que sus horas de dormir son pocas, y su actividad ocupa la mayor parte del día; aprovechando los minutos que puede dormir, cuando puede y la dejan. Vive con su familia quien la apoya, pero el único día que le dan entre semana, no es suficiente para sentir que descansa, ya que los fines de semana también los trabaja.

Al preguntarle si ha escuchado del estrés, de inmediato me contesta que vive con él todos los días y lo que más desea es tener un día sin estrés. Este es uno de los pensamientos más comunes que pueden existir entre nosotros por la vida tan ajetreada que llevamos y nos llevamos pensando en que llegue el día en despertarnos sin ésta sensación de cansancio que se confunde entre lo físico y lo emocional.

“… practicar el pensamiento optimista o positivo, construir una autoestima adecuada, que nos permita manejar el estrés …”

Ante esta inquietud nos pusimos a intercambiar la idea más cercana que nos podría ayudar a entender el estrés y saber qué hacer. Concluimos que si existen consecuencias físicas y emocionales cuando se padece el estrés. Pero además es necesario entender que el concepto de stress es de origen inglés, el cual está asociado a una sensación de cansancio, angustia o ansiedad, a la que comúnmente llamamos estrés. En este caso, una joven se siente demandada por demasiadas actividades que la agobian, lo que le genera ansiedad y otros síntomas.

La joven se encuentra viviendo una situación complicada con su escuela y trabajo, lo cual ejerce una presión de origen social con consecuencias físicas, emocionales y además sociales, lo que pone en riesgo sus metas personales, familiares y sociales.

Por otro lado, además del estado de angustia que produce el estrés, ella menciona que se dificulta conciliar el sueño por la misma ansiedad generada por el nivel de pensamientos que le quitan o espantan el sueño, pierde la concentración en la escuela y en su trabajo, siente tensión muscular, dificultad para respirar, disminuyen o se le dificulta convivir con su familia y amigos, además de encontrarse en un estado de irritación casi diaria. Uno de las conductas más comunes es que puede perder el apetito o come demasiado a cualquier hora; también se muerde las uñas en el momento de la ansiedad, sin mencionar que hasta pueden padecer la caída del cabello.

“… hacer ejercicio frecuente, el masaje muscular periódico, un baño refrescante o tibio, usar la respiración profunda a demanda o practicar el mindfulness, escuchar música del gusto personal, planear y realizar actividades familiares, convivir con amigos …”

Es importante mencionar que no podemos vivir sin el estrés, pero una de las alternativas que tenemos es el manejo, control o enfoque que le demos a ésta sensación que nos incomoda pero que nos activa para la vida diaria. Así que tenemos la posibilidad de aprender a manejar el estrés o a vivir con él pero con la diferencia de tener un poco o mucho control dependiendo de nuestras habilidades o capacidades y del enfoque que le demos. Existen métodos, herramientas, actividades o estrategias que nos pueden ayudar a manejar el estrés, pero antes de mencionar algunas, quiero comentar lo que una niña de primaria me contestó cuando le pregunté: ¿Qué haces con el estrés? y ella me contestó: pues me muerdo las uñas, me da por comer mucho, pero también pienso positivamente.

Unas de las actividades que se pueden hacer para controlar el estrés, en primer lugar, es conocer nuestros propios niveles de estrés o ansiedad, para luego buscar la forma de manejarlo, y en consecuencia, aprender a vivir con él, es decir, practicar el pensamiento optimista o positivo, construir una autoestima adecuada, que nos permita manejar el estrés, hacer ejercicio frecuente, el masaje muscular periódico, un baño refrescante o tibio, usar la respiración profunda a demanda o practicar el mindfulness, escuchar música del gusto personal, planear y realizar actividades familiares, convivir con amigos, además realizar actividades que me ayuden a mi desarrollo personal, desde lo espiritual, psicológico, familiar y social.




M.C. Carlos Bernardo Prado Rivera
Tutor Escolar y Orientador Educativo. 
Plantel CECyTE Hermosillo II 
cprado25@hotmail.com

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