Las pesadillas siempre han despertado una gran curiosidad, ya que en ellas salen a relucir aspectos íntimos de nuestro mundo interno de una forma, misteriosa y confusa. Las emociones que nos activan las pesadillas suelen guardar relación con el miedo y la angustia, que se pueden sentir de forma muy vívida. El interés por las pesadillas también se asocia con su función psicológica, pues en ellas se representan esas cuestiones profundas que nos afectan. De alguna forma, el inconsciente habla a través de ellas de esos temas que en la vigilia son considerados tabú: la muerte, el dolor, las inseguridades o los miedos más profundos.
“… Las emociones que nos activan las pesadillas suelen guardar relación con el miedo y la angustia, que se pueden sentir de forma muy vívida …”
Dado que las pesadillas son un fenómeno universal común a todos los seres humanos, se ha tratado de identificar cuál es la causa que las explica.
En cuanto a los aspectos biológicos implicados en las pesadillas, es importante tener presente que estas suceden en la llamada fase MOR (movimientos oculares rápidos) de nuestro sueño. Esta etapa de nuestro descanso se caracteriza por la aparición de movimientos oculares rápidos y unos altos niveles de actividad cerebral. Se trata de una fase extremadamente importante para la consolidación de la memoria, el procesamiento de las emociones y los procesos de aprendizaje.
“… Un aumento de la carga emocional y una ausencia de pensamiento lógico, lo que explica la aparición de escenas cargadas de intensidad que no siempre se ajustan a la realidad …”
Cuando las pesadillas aparecen en esta fase MOR, una estructura de nuestro cerebro se activa intensamente: hablamos de la amígdala. La amígdala es la responsable de nuestra respuesta de miedo. Paralelamente, en este momento del descanso otras áreas cerebrales reducen su actividad. Este es el caso de la corteza prefrontal, la cual está implicada en procesos de razonamiento y toma de decisiones. Esto se traduce en un aumento de la carga emocional y una ausencia de pensamiento lógico, lo que explica la aparición de escenas cargadas de intensidad que no siempre se ajustan a la realidad.
- Fiebre e infecciones:
El aumento de la temperatura corporal puede influir en la actividad cerebral y favorecer la aparición de sueños perturbadores. - Dolor crónico:
Esta condición puede interferir en la calidad del descanso, favoreciendo la aparición de pesadillas.
Si nos enfocamos en los aspectos psicológicos implicados en el origen de las pesadillas, es importante considerar los siguientes puntos:
- Ansiedad elevada:
Cuando vivimos en un estado constante de activación emocional elevada es habitual que las pesadillas se vuelvan más frecuentes. Esto se debe a que nuestro cerebro se encuentra en alerta y emplea la fase MOR como medio para prepararnos para un potencial peligro, generando escenarios hipotéticos negativos. - Trauma psicológico:
El trauma psicológico está estrechamente relacionado con la aparición de pesadillas. Cuando una persona ha vivido una experiencia traumática, es como si el evento en cuestión no hubiese sido correctamente elaborado en la memoria, quedando el contenido a medio archivar en nuestro cerebro. Esto hace que información perteneciente al pasado siga viva en el presente, presentándose con fuerza en la fase MOR en forma de pesadillas. - Función adaptativa:
Más allá de condiciones excepcionales como la ansiedad permanente o el trauma, diversos autores sostienen que las pesadillas no representan un funcionamiento mental patológico. Más bien, constituyen un mecanismo natural de nuestro cerebro con una función interesante: prepararnos para posibles peligros reales. Así, tener pesadillas sería una especie de simulación ante potenciales amenazas.
“… Cuando vivimos en un estado constante de activación emocional elevada es habitual que las pesadillas se vuelvan más frecuentes …”
Psic. Diana Spíndola Yáñez
Psic. Diana Becerril Spíndola
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